María Nestora Téllez Rendón nació en nuestra ciudad de San Juan del Río, Querétaro, el 25 de febrero de 1828 y fue bautizada, un día después, como María Josefa Francisca de Paula, aunque, por tratarse del día de San Néstor, tomó el nombre de Nestora. Sus padres fueron Antonio Téllez, quien había sido miembro de la Conspiración de Querétaro, y Trinidad Rendón, ambos dedicados a la docencia.
Cuando tenía 1 año de edad, sufrió una enfermedad de los ojos y quedó ciega. Vivía, entonces, en el pueblo de Tolimán, del que su padre era prefecto. A pesar de lo anterior y por mostrar una gran capacidad intelectual, recibió una esmerada educación personalizada en gramática, aritmética y religión por parte de él.
Más tarde, ayudó a su madre en labores pedagógicas en una escuela que dependía de la cofradía del Cordón de San Francisco y preparó a futuras profesoras en gramática y aritmética. Al mismo tiempo, continuó su interés por la religión y la literatura y empezó a componer poesías y cuentos. Su madre murió en 1856 y, a partir de entonces, continuó, con su hermana Dolores Téllez de Noriega, a cargo de la escuela en la que enseñaban. Abrió, luego, otro establecimiento educativo particular.
Dado que enseñaba sin tener título de profesora, presentó un examen para obtener este documento en el año de 1866. Obtuvo el título de profesora y, además, se le confirió la Cruz de la Orden de San Carlos, durante el Segundo Imperio Mexicano, esta condecoración fue otorgada por el gran resultado de su examen profesional. Al momento de recibir la condecoración y sin tener visión, mencionó “va a quedar muy hermosa esta cruz en mi rosario.”
En 1873, se sometió a una operación de los ojos, llevada a cabo por el doctor Manuel Carmona y Valle. Después de la operación, recuperó parcial y temporalmente la vista, pero recayó pronto y volvió al estado de ceguera.
Escribió una gramática elemental y algunas obras pedagógicas que no se publicaron. Sin embargo, en 1889 consintió que se publicara su obra ‘Staurofila’, que ella misma llamó cuento alegórico, a condición de que no se mencionara su nombre. La historia narraba las aventuras y épicas batallas en medio de las cuales el príncipe del Reino de las Luces declaraba y mantenía su amor por Staurofila, hija de Prótaner, uno de los habitantes del reino, en una clara alegoría cristiana del amor de Jesucristo hacia las almas devotas y la humanidad. Era una narración didáctica que ella contaba a su alumnado.
Murió en Acámbaro, Guanajuato, el 9 de diciembre de 1890, como consecuencia de una afección intestinal. En 1893, tres años después de su muerte, ‘Staurofila’, su única novela, volvió a publicarse, ya con la mención del nombre de la autora. Existe actualmente una nueva edición publicada por Editorial Paulina, volviendo a salir, nuevamente a la luz, esta obra de esta gran sanjuanense.