Recuperados de la sorpresa -otra vez-, no del triunfo de Trump, sino de la forma avasalladora con la que ganó, no queda más que tratar de explicar lo que, de entrada (y de salida), carece de una explicación medianamente lógica y congruente. O por lo menos intentarlo.
Dicho resultado electoral da el cerrojazo a un año para el olvido en materia democrática en el Continente, considerando también los nefastos resultados electorales de la Venezuela del Norte y la del Sur, esta última no ganada en las urnas, sino cínicamente arrebatada por la caterva chavista por la que en algún momento los venezolanos sí votaron y de la que ahora no pueden (ni podrán por sí mismos) librarse.
¿Cómo convenceríamos a una eventual delegación de seres llegados de más allá de nuestro sistema solar sobre las bondades del sistema democrático de selección de gobernantes que empleamos? ¿Cómo explicarles, sin caer en el ridículo, la manera en que el electorado, en lugar de elegir a los mejores hombres y mujeres para el cargo, incomprensiblemente se decanta por los grupos e individuos más perjudiciales, de ínfima reputación y de comprobada toxicidad para conducir sus destinos, sin que pueda ponerse ya de por medio el pretexto de la falta de información o el: “es que yo no sabía”? ¿Cómo insistirles en que somos una especie inteligente, pero votamos por lo peor?
Los estadounidenses, -al igual que ocurrió aquí, en Tombolandia-, entregan un cheque en blanco a Trump para que también haga lo que le plazca con su país, contando con la mayoría de las dos cámaras, a sabiendas de que introducirá de nuevo, y de manera más decidida, la división, el racismo, el desprecio por la conservación del medio ambiente y por el respeto a los derechos humanos, en aras de un supuesto retorno de la bonanza económica. Y si bien no es para nada criticable la búsqueda del progreso y la seguridad económica de una nación, los norteamericanos lo deciden así a cambio de la degradación ética y moral de su vida pública y la gobernanza, que parece ya no preocuparles. Money talks.
Así, quedan en este año puestas las bases de lo que vendrá en los siguientes, para lo que habrá que prepararse y afrontar las consecuencias.
Pero, en lo que llega el 2025, sigamos disfrutando de estos cálidos días de Noviembre (ya no hay seriedad ni en los patrones climáticos). Salud.
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