El pasado 23 de diciembre del año que acaba de terminar, falleció, a los 103 años de edad, el señor Jesús Ruiz Sánchez, ‘don Chucho’, quien, por 56 años, fue campanero del antiguo Templo Parroquial de San Juan Bautista y hoy Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, probablemente, es uno de los trabajadores con más tiempo en el ejercicio de un empleo.
Heredero de una tradición casi desaparecida, ya que, por mucho tiempo, las llamadas de las campanas regían la vida de las ciudades, le tocó, a don Chucho, llamar muchas veces, no solamente a misa, sino también a eventos de importancia de la ciudad, muchas veces, de alegría; otras, de tristeza, pero era una forma de comunicar y que todos supieran por el llamado de las campanas.
A don Chucho, le tocó hacer un toque hoy desaparecido que fue el de incendio en una ocasión cuando todavía, en la Plaza Independencia, existía el mercado y uno de los locales comerciales se incendió. La forma de llamar a los vecinos para auxiliar eran las campanas del templo parroquial y, de las últimas ocasiones que sucedió en nuestra ciudad, le correspondió a don Chucho.
A diario, llegaba, a las 4:00 de la madrugada, a las instalaciones de la Parroquia de San Juan Bautista, comenzaba a barrer el atrio parroquial y posteriormente llamaba a la primera misa un tiempo a las 5:00 de la mañana y, más recientemente, a las 6:00 de la mañana; inmediatamente llamaba al rezo de los Laudes; a las 12:00 del día, tocaba el llamado toque de ‘ángelus’ y, a las 3:00 de la tarde, hacía lo propio con tres campanadas muy solemnes recordando la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
En la tarde, llamaba al rezo de vísperas a las 6:00 o 6:30, dependiendo de la hora que comenzaba a oscurecer; luego, a las 7:00 de la tarde, se llamaba al rezo del Santo Rosario y, a las 8:00 de la noche, se tocaba el llamado toque de “ánimas”, donde se recordaba rezar por los difuntos y era como el punto final de las actividades que se realizaban en la ciudad.
Los domingos, subía al campanario y él mismo repicaba las campanas para llamar a la misa solemne o “del pueblo” y para el rezo del santo rosario. Así fue durante 56 años hasta que, en el año de 2016, se retiró de su trabajo por cuestiones de edad. Es de mencionar que muchos de los toques de campanas desafortunadamente se han perdido, así como los repiques de las mismas, de las bellas damas del campanario parroquial, que, por muchos años, don Chucho fue su custodio.
En el año de 2016, el Ayuntamiento de San Juan del Río, le otorgó, el 24 de junio de ese año, un reconocimiento como sanjuanense distinguido por la labor que desempeñó y que, ahora, hemos comentado. Descanse en paz el último campanero de la ciudad de San Juan del Río.