La semana pasada concluyeron las ordenaciones de once nuevos sacerdotes de la Diócesis de Querétaro, todos ellos jóvenes que realizaron sus estudios en el Seminario Conciliar de Nuestra Señora de Guadalupe de esta Diócesis y que llenos de alegría y de esperanza se postraron delante del obispo diocesano para recibir el orden sacerdotal y poder brindar su servicio a los feligreses católicos.
Precisamente el día de ayer se cumplían 161 años de la erección canónica de la Diócesis de Querétaro, la cual fue creada por mandato del Papa Pío IX, pontífice que erigió también otras diócesis en nuestro país a mediados del siglo XIX, en medio de los conflictos políticos de liberales y conservadores.
Los jóvenes sacerdotes son herederos de grandes sacerdotes que ha tenido la Diócesis de Querétaro, muchos de ellos que han sigo ejemplo para los fieles, pero que también de una de otra forma han colaborado al desarrollo de la tierra queretana y de parte del Estado de Guanajuato.
En pleno siglo XXI, creo ya es difícil poder hablar de la vocación al sacerdocio, por muchas razones, pero sin embargo estos once jóvenes han entregado su vida para un fin y un servicio, se han consagrado plenamente a su Dios y a sus semejantes por lo que ya son ejemplo para seguir por los ideales que han tenido desde el momento que decidieron seguir ese camino.
Pero vale la pena mencionar algunos sacerdotes de la Diócesis de han dejado huella en la misma, con el padre José Guadalupe Velázquez Pedraza, gran compositor y creador de la Escuela de Música Sacra; el padre Cirilo Conejo Roldán, compositor y canónigo de la Catedral: el padre Esteban García Rebollo, tan caritativo y empeñoso en su parroquia, un gran guadalupano; el padre Florencio Rosas, empeñado a servir al prójimo; el padre Gonzalo Vega, comprometido con las causas sociales; el padre Salvador Septién Uribe, un ejemplo de sacerdote y que actualmente se busca su beatificación y canonización; el padre Luis Martín quien fundó las Misioneras Marianas; el padre Nicolás Campa, un gran sacerdote que apoyó en mucho a San José de Iturbide y que incluso llegó a ser Secretario General de Gobierno; el padre Salvador Espinosa, tan cercano a los fieles; el padre Carlos Cabrera, un gran poeta; el padre Francisco Paulín, tan ordenado y sensible a las necesidades los fieles, el padre José Borja, pionero de la educación en Querétaro; el padre Florencio Olvera, quien llegó a ser obispo; el padre Salvador Medina, tan apreciado en Hércules; el padre José Moya Tovar, un apóstol de los presos en las cárceles; el padre Luis Landaverde, siempre atento a las necesidades de sus fieles; el padre Manuel Malagón, un gran historiador; el padre Manuel Pérez Esquivel, un conciliador; el padre Francisco Herrera, un gran compositor y músico de Dios; el padre Juan Marcos Granados, tan cercano a las necesidades de los fieles; el padre Juan Manuel Pérez Romero, un gran maestro; el padre Luis Ugalde Monroy, creador de las cooperativas en el Estado y muchos otros más que la feligresía de la Diócesis de Querétaro, los recuerda con gran cariño como sacerdotes insignes para esta noble tierra.