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26 de febrero 2025

Los Blanchet/Caldo de Cultivo

El mundo cruza por tiempos muy kafkianos, y para muestra basta un botón: resulta que ahora el músculo político se mide en términos de la capacidad y “creatividad” para renombrar mares, países y lugares históricos o emblemáticos.

No se crea que Donald Trump, con su falta de ácido fólico, inició esta tendencia. Recordemos que en el año 2016 el Distrito Federal se convirtió en Ciudad de México o CDMX, aunque en este caso el cambio de nombre se acompañó de una serie de reformas que otorgaron mayor autonomía política y jurídica a la capital del país, todo esto como resultado de acuerdos entre las fuerzas políticas de entonces.

Pero lo que vino después fue pura chunga: en el pasado mes de diciembre, en el Municipio de Tultitlán, dos de sus colonias fueron renombradas como “La Cuarta Transformación”, y rebautizadas sus calles con nombres como: “Sembrando Vida”, “Tren Maya”, “Pensión para Adultos Mayores”, “Abrazos no Balazos”, “Tianguis del Bienestar”, “Acúsalo con su Mamá” y “Me Canso Ganso”, entre otras barrabasadas. Afortunadamente los habitantes del lugar no se dejaron dar atole con el dedo y desaprobaron semejante disparate de su alcaldesa, manifestándose de manera enérgica. ¿Por qué quitarle la identidad al lugar con nombres tan absurdos?

Todo indica que estos funcionarios de cuarta un día se levantaron, salieron de casa con su materia gris desactivada y sin haber tomado café dijeron: tenemos que hacer como que trabajamos para quedar bien con el movimiento, así que vamos a cambiarle el nombre a las calles, como si no hubiera problemas graves que resolver y, graznando al unísono, desataron una lluvia de “ideotas” con el genial resultado a la vista. Pero si no saben ponerle nombres normales a sus hijos, -les ponen Kevin, Brandon, Brayan, Bripny y Anakin, por mencionar algunos-, ¿y quieren venir a bautizar las calles?

Siempre he dicho que la estupidez es como el bluetooth, viaja en Infinitum y se conecta con los de su especie. Volviendo a Trump, que se ve a sí mismo como un Rey, se salió con la suya al renombrar el Golfo de México como Gulf of America, así, sin más, como el perro que marca el territorio con su orina, con un decreto firmado literalmente en el aire y que no cambia en realidad nada fuera de la satisfacción a su ego.

Algo parecido a lo que hizo su contlapache Elon Musk al comprar la red social Twitter y cambiarle el nombre por el de “X” sin saber qué haría con ella en el momento de adquirirla. Caprichos de millonario.

Y en estos días, como si el horno estuviera para bollos, la diputada federal Kenia López Rabadán propone cambiar el nombre de la República Mexicana por el de simplemente “México”. ¿Cómo para qué? ¿Qué se resuelve con eso?

Podrán renombrar las calles, las ciudades, los mares y los países, pero con ello no se desenraiza el oscuro engranaje que somete a las sociedades ni resuelve el desorden. Se necesita mucho más que ocurrencias distractoras para generar el cambio verdadero, pero no se vislumbra el arribo de gente seria para concretarlo con soluciones reales. Que siga el circo, pues.

Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.

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