Desde la antigüedad, la recaudación fiscal ha sido el motor del desarrollo de las naciones, haciendo posible la redistribución de la riqueza. Y sin bien la necesidad del pago de impuestos está fuera de discusión, echar un ojo al catálogo de obligaciones fiscales puede llevar a más de uno a levantar las cejas por la falta de congruencia de algunos de ellos en relación a la motivación para su implementación. En los anales de la historia quedó registrada la irrisoria taxación de puertas y ventanas en viviendas y edificios creada por Antonio López de Santa Anna en Enero de 1854, que fue “etiquetada» para el pago de las fuerzas del orden, pero que en realidad fue una decisión desesperada en tiempos de ruina nacional.
Uno de los casos más ilustrativos de la actualidad es el Impuesto Sobre Nóminas, que se sumó al paquete de aportaciones que las empresas cubren por el hecho de emplear personal.
La ley de este impuesto, que fue estrenado en la década de los 70’s, ha tenido varias reformas e incrementos en su tasa, habiendo estado vigente por muchos años la del 2%, siendo el pretexto de su instauración el disminuir la evasión fiscal, sin destinarlo o etiquetarlo para una mejora de los servicios públicos o cualquier otro beneficio para los trabajadores. En diciembre pasado el Congreso de la CDMX aprobó la iniciativa de su Jefa de Gobierno, Clara Brugada, de aumentarlo a 4%, a lo que ya se dieron los primeros amparos por parte de un número de empresas.
Si la intención de un gobierno es fomentar el empleo como parte de sus obligaciones, ¿cuál es la lógica de crear o incrementar una carga fiscal que desalentará aún más la contratación de trabajadores? La respuesta se puede limitar a que no existe tal interés de favorecer el empleo y que se trata nuevamente de golpes recaudatorios desesperados sin más. El problema es que este tipo de ejemplos cunde rápidamente al resto de los estados del país. Corre tiempo.
De película
Solía ser una persona que gustaba de disfrutar del séptimo arte. El gusto por el cine lo llevo en el ADN, y es por eso que puedo ser un poco crítica y selectiva en el género de las mismas. Las películas de terror ni por casualidad están en mi catálogo. ¿Para qué ver más oscuridad? Además, voy con lo que dijo en su momento mi tío “Chalo”, Gonzalo Gavira (primer mexicano ganador del Óscar por los efectos de sonido de la película “El Exorcista”), que al ofrecerle realizar ese trabajo expresó sin ningún tapujo: “es una porquería de película”.
Antes solía ser más cinéfila, cuando a mi parecer se hacían películas interesantes, con trama, en la mayoría de los géneros como ciencia ficción, historia, drama, comedia y alguno que otro experimental, pero de un tiempo para acá y sin temor a equivocarme, la decadencia del cine va al alza. Aclarando que ir al cine con la modernidad y comodidad de algunas salas sigue siendo atractivo.
Para mí el cine era sumergirse en otros mundos, era perderme por un par de horas en la fantasía, en la fotografía, en la música, en las historias bien contadas que penetraban en los sentimientos, claro, con el ingrediente principal de grandes actores y actrices que, gracias a su enorme talento e interpretaciones, les creías todo.
Pero hoy todo ha cambiado. Hacen películas, digamos distintas, existenciales, para no juzgarlas como malísimas.
Los contenidos son el exceso de violencia, el sexo extremadamente gráfico “dizque justificado”, drogas y problemas mentales en filmes que duran una eternidad, con finales sin sentido, los cuales ahora les llaman de reflexión, lo que me lleva a pensar que lo hacen así porque para una trama mal contada, no puede haber un final medianamente inteligente. ¿Qué no es suficiente con lo que estamos viviendo en la vida real, como para que todavía nos lo chutemos en la pantalla grande, ya que es propósito del séptimo arte?
Esta crítica viene porque hace unos días vimos la película “Anora”, ganadora del Oscar a la mejor película del año. Quisimos darle la oportunidad, ya que el tema no prometía mucho. Nos dimos la esperada arrepentida, perdimos nuestro valioso tiempo viendo una película verdaderamente mediocre como para haber ganado un Oscar. Creo que si mi tío Gonzalo viviera, hubiera subido el tono del calificativo que en su momento le dio a un clásico del cine.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.