Hoy, 2 de Abril, se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas, fecha en la que Argentina recuerda el inútil conflicto armado originado por su gobierno en el año de 1982.
La dictadura militar encabezada por Leopoldo Galtieri comenzaba a hacer agua. Las denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos eran cada vez más conocidas en el mundo, por lo que el gobierno de Jimmy Carter retiró al régimen el apoyo que recibía de Estados Unidos, aunado al desastroso manejo de la economía del país por parte de la junta militar, que desembocaron en protestas masivas en su contra.
Así, Galtieri recurrió al manual del dictadorcete y encontró en él el “efectivo“ recurso de inventarse un enemigo (en este caso externo), para distraer la atención y, al mismo tiempo, revertir el rechazo del pueblo argentino a través de aglutinarlo por una “causa nacional”.
El asunto de las Islas Malvinas, situadas frente a la costa argentina, era ya un tema viejo. La corona Inglesa estableció en ellas una colonia en el año de 1765, siendo posteriormente reclamadas por diversos gobiernos argentinos sin éxito, y convirtiéndose con el tiempo en una herida psicológica para los argentinos y en argumento perfecto para justificar una cruzada “patriótica” contra el imperio invasor.
Pero el sobado truco del enemigo inventado no le funcionó a la dictadura: no esperaban la inmediata y aplastante reacción del Imperio Británico, que en una guerra corta, pero sangrienta, recuperó el control de las islas. El saldo: 907 vidas perdidas y la caída final del régimen militar. La ilusión de los argentinos, muchos de los cuales se creyeron el cuento patriótico, duró poco y la lección sigue sin ser aprendida en el mundo. El truco continuó siendo utilizado por actuales pseudo líderes como Trump, Putin, AMLO, Maduro y otros más. Memoria corta.
Balance
El lunes pasado terminó el mes de Marzo, al que se le ha designado como el “Mes de la Mujer”, así que permítanme hacer un pequeño análisis de cómo veo las cosas hoy, como una mujer madura o por lo menos con los años suficientes para saber de qué va la vida.
El mes pasado tuve la oportunidad de asistir a dos eventos muy importantes y concurridos, en los que mujeres de altos vuelos profesionales se reunieron para exponer el apoyo que debemos de tener hacia el gremio y lo mucho que falta por hacer. Unas, alzando la voz de manera dura y radical, otras, como víctimas de diversas circunstancias (a quienes por lo doloroso de sus temas respeto y no ahondaré en esta reflexión), y otras más a manera de mediar odios enraizados que desvirtúan la verdadera esencia del objetivo que es el respeto hacia la mujer, como el ser vivo, humano y dador de vida que habita este mundo.
En las dos tuve la oportunidad de expresar mi punto de vista, el cual comparto. Soy una mujer que como muchas otras, ha tenido vivencias buenas, regulares, malas y hasta desastrosas (mi amiga Mara diría: bocetos). Aún en los momentos más difíciles, nunca me he sentido víctima, y vaya que en su tiempo hubo motivos válidos para eso.
Fui inmensamente afortunada al tener una madre que no me educó, digamos que me entrenó (como a Sarah Connor) para no ser víctima de nadie, ni de mí misma. Me repetía que en la vida encontraría muchas personas y situaciones que me harían daño (muchos Terminators), que me pondrían en una posición terrible, pero que dependía de mí el confrontarlos y librarme de ellos. Nunca me aseguró que sería fácil, pero me indicó que fuera astuta, que me mantuviera alerta y que aprendiera a tomar decisiones para sobrevivir en este mundo. Así lo he hecho, y definitivamente mi camino ha sido sólido, lo que me ha sostenido cuando aparecen los inevitables embates de la vida.
Al trabajar por mi éxito, nunca busqué competir con los hombres, con quienes aprendí a hacer equipo. Decidí encontrar mi camino y construirlo con lo que tenía disponible.
Agregué que, para ganar, no tenemos que arrebatarle el “poder” a nadie (con rabia algunas lo habían expresado), por el contrario, tenemos que construir y sacar a la luz nuestro propio poder, al cual prefiero llamarle talento. Debemos edificarlo de acuerdo a lo que somos, generando un sólido balance que nos llevará a la igualdad.
El desequilibrio no está en la existencia de los hombres, quienes hasta ahora siguen gozando de mejores oportunidades, lo que indiscutiblemente lastima, aunque viéndolo fríamente y sin apasionamiento, cada vez es menos. El verdadero problema está en la oscuridad que mueve como títere al ser humano sin importar raza, ni género, provocando división y odio, que desvían el foco del progreso y la luz.
Termino diciendo que soy consiente de haber decidido nacer mujer, no me arrepiento y asumo mi responsabilidad para seguir sumando por un mundo mejor.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.