La pasión que genera el deporte y la admiración que se le tiene a los atletas generó desde hace mucho tiempo que los aficionados coleccionemos playeras, tarjetas, posters y banderines entre otros productos, y además, buscamos que los deportistas los autografíen para ser poseedores de un pedacito de la historia.
El siglo XXI, la globalización y el merchandising detonó esta práctica en una industria que está creciendo y que ha comenzado a generar miles de dólares y una fuente de ingresos para caza autógrafos.
Antes era común caminar por un tianguis y encontrar camisas de futbol antiguas que podían ser adquiridas por poco dinero. Igual sucedía en Querétaro, CDMX, Madrid o Buenos Aires. Hoy día es poca la mercancía que encuentras porque los revendedores de Jerseys han encontrado un mercado muy atractivo en el monto que llegan a pagar los apasionados de la historia deportiva.
Y cuando la demanda crece, los problemas crecen igual. Hoy existe gente queriendo participar en este negocio e invirtiendo en jerseys piratas (los comerciantes los llaman elegantemente “replica no oficial” o “clon”) y vendiéndole a gente que no tiene la cultura histórica para identificar un jersey antiguo de uno pirata.
No solo las prendas, los autógrafos también se están pirateando. Por citar un ejemplo, en Querétaro existen cientos de jerseys con la firma de Ronaldinho que jamás fueron tocados por el astro brasileño.
Si eres de esos que desea conservar historia deportiva en un producto, documéntate, no creas todo lo que te dicen y no pagues en exceso. Los coleccionistas y tu bolsillo lo agradeceremos.