La sucesión papal es, sin duda alguna, la elección de un jefe de estado con mayor secrecía, simbolismo, y particularidades de todo el mundo.
Comenzando porque es la única elección de un jefe de estado a través del voto de personas que no necesariamente son ciudadanas de dicho estado.
El derecho a votar por el próximo Papa es exclusivo de los cardenales menores de 80 años al momento de la muerte del último Papa.
Actualmente, el colegio cardenalicio está formado por 252 cardenales en todo el mundo. Sin embargo, solo 135 cumplirían con los requisitos establecidos en la constitución apostólica Universi Dominici Gregis de 1996, en la cual se mencionaba que el máximo de cardenales que podían participar en una elección era de 120.
Sin embargo, reformas posteriores, tanto en el mandato de Benedicto XVI como de Francisco, abrieron la posibilidad de que este número fuera superior, de hecho será el número más alto de toda la historia de votantes para una sucesión papal. Durante los últimos dos cónclaves, los cardenales que emitieron su voto fueron 115. La regla es muy simple.
El nuevo papa tiene que ser electo por al menos 2/3 de los cardenales electores: Mayoría calificada. Hoy hay 135 cardenales que podrían participar, podría haber dos bajas por motivos de salud. En caso de que participen 133 cardenales, la mayoría calificada se alcanzaría con 89 votos, y estos son datos, no relatos.