Libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír. George Orwell.
Cualquier ataque, -verbal, mediático o militar-, debe ser ejecutado no sin antes prever sus costos, sus consecuencias. La carencia de la mínima sabiduría requerida para considerar este hecho es la constante de los gobiernos actuales, con resultados desastrosos, de los cuales también son incapaces de aprender y reconocer.
En semanas pasadas, el pandilleril gobierno norteamericano ordenó la inserción y transmisión de un spot en la televisión y otros medios audiovisuales de México, en el que aparece su secretaria de Seguridad Nacional, Noem Kristi, (quien ni su propio bolso puede cuidar), advirtiendo, en tono amenazante, sobre la respuesta que tendrán quienes intenten ingresar a su país ilegalmente, en un acto de atropello a toda norma de diplomacia internacional.
Pero en su infinita ineptitud, la Casa Blanca no previó las consecuencias de su altanera intimidación, que irán en contra de los propios valores democráticos y de libertad que históricamente pregonan hacia afuera. En este lado de la frontera no es ningún secreto el añejo sueño gubernamental de controlar y censurar a los medios de comunicación y a las redes sociales críticas, ambición que, por una razón u otra, no se concretó constitucionalmente en el sexenio pasado. Pero el pretexto para implementarlo ahora finalmente llegó de manos del torpe gobierno gringo. “De aquí somos”, habrán dicho en Palacio Nacional, y con celeridad enviaron la iniciativa al Senado que, por ahora, fue postergado su mayoriteo por el aluvión de críticas dentro y fuera del país.
Pero no se cante victoria. La iniciativa, pronosticamos también, -y con buen índice de bateo-, pasará en algún momento, como lo hizo el bodrio electorero judicial.
Como dice un conocido periodista nacional: al tiempo.
Como niños
Dicen que los hombres nunca dejarán de ser niños. Las pelotas, los carritos y las autopistas, con la edad, se dejan por otros juguetes igual de simplones, pero más caros y peligrosos: autos verdaderos, dinero, poder. De pequeños, nuestros padres nos ponían en orden con las herramientas de entonces, como la chancla voladora o el cinturón bien aplicado en el nalgatorio, impidiéndonos así destruír la casa y acabar con el cuadro. Pero de adultos y, peor aún, viejos y empoderados, ¿quién puede detenerles de degradar el entorno común de todos?
Porque la vejez no cura la estupidez, y así seguimos viendo en la escena internacional a los decrépitos que juegan a la guerra anexionista en Europa, o el copetudo naranja jugando a la guerrita comercial y contemplando, divertido, cómo se sacude el empollillado e inicuo entramado económico que sostiene al mundo, quitándole una trabe de su estructura cada vez que idea un nuevo arancel.
Divertíos, pequeños inquietos que, en su calidad de niños, sus travesuras no son tan destructivas como las de los caducos decadentes que mal conducen al mundo. Ya tendrán ustedes la oportunidad de decidir si vivirán para construir o para destruir.
Mientras tanto, feliz Día del Niño.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.