Hoy, en el día del niño y la niña, no puedo evitar pensar en lo que viven los pequeños Gallitos de esta generación. Les tocó crecer con un equipo ya consolidado, con figuras internacionales pisando el Corregidora, con un Ronaldinho que dio a conocer a Gallos en todo el planeta, con camisetas oficiales en vitrinas de tiendas oficiales, y con el orgullo de ver su escudo en todos lados.
Cuando yo era niño, ser aficionado de Gallos era un acto de fe. No había grandes figuras ni tanta difusión. Las camisetas oficiales eran un lujo inexistente; las que usábamos salían de los puestos de “La Alameda», piratas, pero llenas de orgullo. (Gracias Mamá, por ese gran regalo que atesoro en mi mente y recuerdo en colores vivos… porque se desgastó de tanto usarse).
Hoy, nuestros niños tienen un Querétaro con historia, con momentos que en mis tiempos solo se soñaban. Y eso es motivo de alegría. Porque aunque a nosotros nos tocó sembrar en tierra árida, a ellos les toca correr en campos florecidos de azul y negro.
Ser Gallo no es cuestión de títulos: es cuestión de amor, de esperanza y de nunca rendirse. A todos esos pequeños gallitos que sueñan con defender este escudo: disfruten su momento; la historia también se escribe en sus sueños. Y mientras soñamos, también somos realistas: a pesar de los rumores, de los dimes y diretes, el tema de la venta SIGUE IGUAL. No hay nada nuevo ni definitivo. Así como puede ser… puede no ser. Hoy Gallos vive en cada niño que porta sus colores. Lo demás… vendrá o no, pero este amor ya es eterno.
Un abrazo especial para mis gallitos que desde la cuna llevan los colores mas hermosos del mundo. ¡Dale Gallos!