Mientras todos esperamos un milagro en la famosa junta de dueños de la Liga MX, en Querétaro, ya empezamos a vivir lo que parece ser el principio del fin. Sin avisos, sin despedidas, sin explicación, Adonis Preciado, el único jugador con explosividad, creatividad y velocidad real en el plantel, ya no es más parte de Gallos Blancos y no será el único.
Cuando el presente es incierto y el futuro invisible, el desmantelamiento empieza por goteo… (hasta que solo quede el cascarón). Nos quitaron al que encendía el Corregidora con una jugada, que hacía que los niños se pararan de su asiento, que nos recordaba lo que era ilusionarse… y, de lo demás, todo igual.
Hace poco, en entrevista con David Faitelson, muy frontal, Jorge Alberto Hank dio a entender que Gallos es su “equipo malo”… aunque, para sorpresa suya, terminó por encima de Tijuana y, en otra charla en ESPN, admitió que sí hay grupos interesados en comprar al club (fondos de Estados Unidos), pero que “de ahí a que suceda, es un camino muy largo”. También dejó claro que no hay prisa para terminar con la multipropiedad.
Y, entonces, ¿qué queda? Pues a prender las veladoras y rezarle al santo favorito para que nos vaya bien. La afición, además de milagros, espera respeto. Aquí, nadie se rinde, pero tampoco somos ingenuos, queremos certeza, queremos identidad porque el corazón del gallo sigue latiendo… aunque con miedo de irse, quizás, esta vez, para siempre. Nos leemos la próxima. ¡Dale, Gallos!