Otra semana sin noticias. Sin anuncios. Sin novedad. En Querétaro, la novela de los Gallos se ha vuelto un silencio que desespera. Ni venta, ni confirmación. Todo sigue igual. La única certeza, por ahora, es que los jugadores están entrenando. Y eso ya es algo.
Porque en medio de esta incertidumbre, vale la pena recordar lo que pudo ser, cuándo hace unos meses Manuel Arroyo, dueño de Grupo Lauman, El Financiero, Comtelsat y Fox Sports México, entre otras, estuvo cerca de comprar al club. Sonaba a redención, a proyecto internacional, a futuro. Pero no.
Hoy sabemos que esa compra pudo ser la sentencia final para los Gallos Blancos de Querétaro.
Dicen que Arroyo está quebrado. Que Arrastra embargos millonarios y demandas de bancos. Las cifras rondan en millones de euros en deudas, impagos, y empresas que fundó en concurso mercantil o ya liquidadas. Lo que parecía respaldo financiero era, en realidad, la última jugada de un tipo en bancarrota.
A veces en el fútbol no se gana, pero se sobrevive. Y eso ya es mucho. Hoy, Gallos sigue aquí. Vivo. Terco. Listo para la siguiente batalla. Porque aunque parezca poco, es un triunfo no haber caído en las manos equivocadas.
En esta historia, sobrevivir también es resistir. Y en Querétaro, resistimos. Nos leemos la próxima semana. ¡Dale Gallos!