El mundo nunca ha sido un lugar seguro ni reino de la certidumbre. La naturaleza misma, en mucho, continúa siendo una construcción impredecible en sus patrones climáticos, en su comportamiento volcánico y tectónico, por ejemplo. A esta condición de la realidad se le conoce como Incertidumbre ontológica.
A ello se suma el problema fundamental de la imposibilidad de conocer a fondo la totalidad de los factores que intervienen en los diferentes aspectos de la realidad, lo que impide cualquier predicción precisa sobre esta. A ello se le conoce como Incertidumbre epistemológica.
Por otra parte, el ámbito humano es, tradicionalmente, campo de gran incertidumbre, a la que contribuyen los virajes de las fuerzas e intereses que integran a las sociedades pero, principalmente, de las decisiones, fortalezas y capacidades de los individuos que conducen sus destinos.
Desde hace décadas no se veían los niveles de incertidumbre que atestiguamos hoy a nivel mundial, en el que un sólo hombre, -tras la complicidad de sus votantes-, introduce, muy peligrosamente, elevados niveles de inestabilidad e incertidumbre al concierto internacional con su agresividad ignorante y beligerante, su incapacidad política y diplomática, su ego desbordado y sus decisiones arrebatadas basadas en emocionalidad mórbida y carentes de continuidad.
Los recursos y el poder de la mayor potencia económica y militar del mundo en manos de un inestable como Donald Trump son un coqueteo al desastre con sus virajes y decisiones al interior del país -como las infames redadas contra los inmigrantes- y hacia el exterior, con su guerra arancelaria y el desdén hacia los socios norteamericanos tradicionales.
Pero su impericia para la mediación entre países en conflicto armado, como Rusia – Ucrania e Israel – Irán, contribuyen grandemente a la inestabilidad y al riesgo de una escalada hacia un conflicto nuclear. Incertidumbre total.
¡La Ropa!
No existe grito más aterrador para un ama de casa en los meses lluviosos que: ¡La ropa! Créanme que es peor que cuando suena la alerta sísmica (bueno, cuando suena). En el momento en que la hembra alfa, lomo plateado, esboza con fuerza dicho grito, todos los habitantes del domicilio actúan con una velocidad y coordinación absoluta para resguardar cada prenda en el lugar adecuado, -en casa mexicana son las sillas del comedor, los baños, los barandales y las manijas de las puertas-, para proseguir con el proceso de secado. Esto se lleva a cabo con tal precisión, como si hubieran sido entrenados por el ejército alemán.
Sabiendo que, de no hacerlo de esa forma, la paz y tranquilidad pueden desaparecer al instante, e inmediatamente pasarían a ser presas de letanías y reclamos domésticos por parte del matriarcado.
El lado bueno de todo esto es que la lluvia es bienvenida, y más en este semi desierto queretano. Desafortunadamente la intensidad con la que ha llovido en estos días ha causado desastres en diversos lugares, provocando miedo y enojo entre las personas más afectadas, y lo más difícil es la impotencia del humano ante la fuerza de la naturaleza. Podemos entender ese sentimiento, ya que existe un lugar en nuestro domicilio particular, que por más que hemos impermeabilizado, la lluvia siempre encuentra por donde entrar. El ver llover dentro de casa, poner cubetas, trapeadores y jergas por todos lados, me causa angustia y suelo repelar del clima. Soy consciente de que así son las cosas en esta temporada del año y sinceramente lo prefiero, porque definitivamente haría más daño una época de sequía, como las que ya hemos cruzado.
Verdaderamente les recomiendo que se resguarden, cómprense una secadora para no salir corriendo a meter la ropa, y disfruten de la lluvia como Gene Kelly cuando bailaba en la película I’m Singing in the Rain.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.