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3 de julio 2025

Enrique Álvarez

El futbolista de alto nivel es un ser privilegiado. Gana mucho dinero por su trabajo y es imán de patrocinios y negocios satélite a su profesión.

Recientemente Raphinha, jugador de Barcelona, se quejó de que FIFA organizara el mundial de clubes, metiendo un torneo en el periodo de vacaciones de los jugadores. El brasileño se quejaba de que la FIFA solo piensa en las utilidades y no en el bienestar de los jugadores.

Damián Zamogilny, exfutbolista argentino, dijo al respecto (lo resumo por cuestión de espacio) que muchos jugadores crecieron sufriendo pobreza y cuando están ganando millones les molesta jugar 3 partidos más.

Las palabras de Zamogilny fueron respondidas por Oribe Peralta, quien dijo: Entonces si sufriste de niño, ¿ya no puedes descansar de adulto? No creo que haya olvidado su origen, simplemente no piensa vivir reventado”.

Mi visión es que los jugadores élite son privilegiados, pero no lo perciben. Viven en una burbuja sin darse cuenta que el 95% de la población económicamente activa trabaja mucho más horas que ellos y gana muchísimo menos. Tener los beneficios de un futbolista profesional conlleva necesariamente a pagar el costo. Y ese costo es que para pagar sus altos salarios se requiere de más torneos con más transmisiones de TV y más merchandising.

Hoy Raphinha puede retirarse y vivir dignamente con lo que le ha dado el futbol. ¿Cuántos pueden a los 28 años retirarse y vivir de sus rentas? Así es el futbol.

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