Gallos cumplió 75 años. Tres cuartos de siglo que no se miden en títulos, sino en pasión. Aquí no hay vitrinas repletas, pero sí una afición que nunca se fue. Porque este equipo, golpeado y errante, jamás perdió su esencia: el corazón azul y negro. Aquí se forjaron ídolos como Silvano, Ariel, Mauro, Marquito, Bueno, Camilo y Volpi. Aquí jugó el astro Ronaldinho. Aquí vibramos con el penal atajado a Chivas y nuestra CopaMX; con el subcampeonato 2015 que nos hizo sentir lo que muchos campeones no. Con los ascensos tocamos la gloria. Lloramos descensos, cambios de sede. Nos quitaron franquicias, nos devolvieron otras, nos quisieron borrar… pero cada golpe nos hizo más fuertes.
Como canta la Resistencia: “Recuerdo desde pequeño lo que el barrio me enseñó, fue seguir a Gallos Blancos sin importar que no sea campeón.” Eso somos. Un pueblo que ama sin condiciones.
Ser Gallo es ser terco, leal, soñador. Es gritar contra la adversidad. Es amar lo imperfecto. Es creer cuando nadie cree. Es llevar los colores en la piel aunque duelan. Es abrazar el pasado, pelear el presente y creer —siempre creer— que lo mejor está por llegar. Aquí no se hereda la gloria, se hereda la lucha. Aquí se hereda el amor por una camiseta que, gane o pierda, jamás se abandona. Celebramos 75 años de historia. No somos los más grandes… pero sí los más fieles. Gracias a los que estuvieron, los que están y los que vendrán. Gracias Dios por hacerme de Gallos. ¡Ayer, hoy y siempre, Dale Gallos!