En tiempos antiguos, la impartición de la justicia era ejecutada por la casta gobernante, comúnmente por el rey o emperador personalmente, cuando la masa poblacional era pequeña y la cantidad de trabajo manejable. Más tarde se dio la necesidad de contar con juzgadores que, sí, también se conducían con base en los criterios y conveniencias del poderoso en turno, así como también en los preceptos y creencias dominantes en la época.
El Derecho Romano desde sus inicios buscó la justicia y la equidad basadas en las costumbres y la ley, evolucionando con el tiempo hacia la persecución de un impartición de justicia por cuerpos especializados para tal función. Las ideas de John Lock sobre la separación de poderes ejecutivo y legislativo y de Montesquieu acerca un poder judicial independiente del ejecutivo para evitar el abuso de poder, fructificaron finalmente al plasmarse en las constituciones de los países occidentales.
Ello surge de la necesidad indiscutible de poner la impartición de la justicia en manos de individuos versados en la ley, con probidad demostrada, conocedores de la naturaleza humana y con amplia experiencia en la tarea, respaldados por una estructura institucional independiente que garantice la viabilidad de su función y la calidad de la misma, sin sesgos, para beneficio de todo aquel que la requiera.
Pero la institucionalidad y verticalidad de esta actividad debía resistir los embates del poder autoritario, que se dio con diferentes niveles de éxito a lo largo de la geografía y la historia, permaneciendo razonablemente a salvo en países con sociedades avanzadas, pero sucumbiendo pesadamente en otros más atrasados, como el nuestro, en el que el descomunal retroceso se da a través de un vulgar manoseo de la Constitución, involución ampliamente detallada en los medios y registrada por nuestros socios comerciales, cuyas consecuencias ya comenzaron a darse como una notable desinversión y que retumbarán a la hora de la renegociación del T-MEC y en las impredecibles ansias punitivas del multipolar Donald Trump.
Sólo quedan por ver los efectos que causará en el ámbito público la impartición de la justicia nuevamente puesta al servicio del poder gobernante. El entramado para ello ya está dispuesto.
Civilizado
Es bien sabido por quienes nos conocen, que Marido y su servidora somos vegetarianos desde hace más de treinta años, lo que descarta que sea una simple pose o moda. Es también sabido por quienes nos han preguntado el motivo de nuestro estilo de vida, que lo hacemos por razones éticas: para que yo viva, no tiene que morir un animal y, aunque sea un tema polémico, no creemos en la superioridad de una especie (la humana, por ejemplo) sobre las demás, importándonos tres kilos de raíz tuberculosa quien esté o no de acuerdo con nuestra visión.
También es conocido mi amor por los animales (en el caso de los mosquitos, los alacranes y las cucarachas, sólo cuentan con mi respeto), y únicamente mi tolerancia para los de mi propia especie.
Hemos arriesgado nuestra vida por salvar animales en la vía pública, ofreciéndoles después una vida digna, incontables veces a través de adoptarlos nosotros mismos.
De un tiempo para acá, cada vez más personas y autoridades se han sumado e implementado diversas acciones para proteger a los animales. Esto me lleva a aplaudir la acción que está llevando a cabo el gobernador Mauricio Kuri al enviar al Congreso Local la iniciativa de Ley de Bienestar Animal, expresando que su propuesta busca reconocer a los animales legalmente como seres sintientes, garantizando su protección y respeto para ser reconocidos con derechos, dignidad, promoviendo que deben vivir libres de crueldad, maltrato, abandono y sufrimiento. Ello no me sorprende, ya que Mauricio, en su gestión como alcalde de Corregidora, me consta, manifestó su interés por el bienestar animal y la creación de espacios públicos adecuados para las mascotas.
Espero que los diputados sean conscientes de la importancia de este tema, ya que es tan fundamental como cualquier otro. Es doloroso ver cómo a los seres que habitamos este planeta junto con ellos, se nos tengan que crear leyes para que les respetemos a pesar de ser parte de la misma creación.
El humano no fue creado con la finalidad de despacharse inmisericordemente con los recursos de la naturaleza y atentar contra ella, aunque su mundano “libre albedrío” lo lleve a eso. Los animales no atentan contra nosotros y me encantaría que esta humanidad fuera civilizada como los animales, como cantaba Roberto Carlos. En fin, aguardaremos el veredicto final.
Por otro lado, quiero agradecer infinitamente a mi hermano de vida, el Dr. Pepe Cobo, el mejor angiólogo, quien hace unos días compuso el drenaje profundo de mi pierna izquierda, dejándola lista para bailar la Macarena, el paso doble y el “todos para abajo y todos para arriba”. Por el momento estoy en recuperación y sólo aplico el pasito Tun Tún.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.