El día de mañana, domingo, y el próximo lunes, llegan, a nuestra ciudad de San Juan del Río, miles de mujeres y hombres que van caminando desde lo más lejano de la Sierra Gorda hasta la Ciudad de México con un solo objetivo, llegar a visitar a la Virgen de Guadalupe en su basílica del Tepeyac.
Esta tradición que cumple, este año, en el caso de los hombres, 135 ediciones y, en el caso de las mujeres, su 63 edición, que han sido nombradas Patrimonio Cultural del estado de Querétaro y constituyen una verdadera muestra de fe, de unión, de devoción y de integración en torno al culto de la Virgen Morena.
San Juan del Río se llena de alegría al recibir a ambas columnas de peregrinos que, desde el inicio de estas, han llegado a nuestra ciudad en diferentes fechas, pero que, siempre, lo hacen con gran alegría, aunado a la alegría del pueblo que recibe a los romeros con gran entusiasmo, respeto y cariño.
Quisiera compartir lo que escribió el escritor sanjuanense don Alfredo Coellar Gómez en su libro ‘Apuntes de un Peregrino’, editado en el año de 1952, en donde se nos cuenta una crónica de la peregrinación de ese año, pero, en concreto, la llegada de la columna masculina a nuestra ciudad.
“San Juan del Río se viste de gala para festejar a su santo patrono. Hay feria en grande, kermeses, carreras de caballos, ‘tapadas’ de gallos, encuentros deportivos, baile de coronación de la reina y corridas de toros ‘de postín’ como que San Juan tiene magnificas ganaderías, a donde van, en temporadas de descanso o entretenimiento, los más famosos matadores de toros. Viajes especiales de turismo y autobuses, los ferrocarriles e infinidad de coches particulares, llevan a la feria de San Juan del Río a personas de todas partes.
“Pero, para los del pueblo, lo más importante es la llegada de los peregrinos: por la carretera de Tequisquiapan, los que vienen de la sierra con seis días de camino y, por la de Querétaro, la peregrinación oficial, que descansa en la Estancia, a donde se les llevan víveres, fruta y refrescos como demostración de simpatía.
“En la tarde, hacen su entrada triunfal en valla formada por miles de vecinos que los reciben con verdadero entusiasmo, valla que cubre su recorrido desde la Hacienda de la Venta hasta la parroquia en la plaza principal. El templo luce esplendoroso su trono labrado en cantera rosa, la custodia monumental y la corona y cetro de la Virgen de Guadalupe, joyas valiosísimas cubiertas de piedras preciosas que parecen tener luz interior a juzgar por la viveza y nitidez de sus visos. Las campanas, sonoras y alegres como pocas, en el idioma universal de sus lenguas de bronce, saludan jubilosas a los peregrinos guadalupanos que, en nombre del legendario y católico Querétaro, llevan al Tepeyac un mensaje de amor de gratitud y de esperanza”. Hasta aquí, la narración de la llegada de los peregrinos a San Juan del Río hace más de medio siglo.
iLic. en Derecho por la UAQ, Ex presidente de CANACO San Juan del Río, actualmente presidente del Patronato del Centro Histórico de San Juan del Río.