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6 de agosto 2025

Los Blanchet/Caldo de Cultivo

Al alcanzar su independencia en julio de 1776, los Estados Unidos iniciaron una escalada de dominio continental que involucró una exitosa andanada anexionista y la declaratoria de “América para los americanos” en 1823 con su Doctrina Monroe para, al final del siglo XIX consolidarse como potencia global al ganar la guerra Hispano- Estadounidense.

La brutal expansión de los consorcios norteamericanos ya desde ese siglo, en especial los relacionados con la energía y las finanzas, consolidó un poderío que también se tradujo en supremacía militar y la voraz apropiación de los recursos naturales propios y ajenos.

Hacia el final del siglo XX la globalización derrumbó las barreras arancelarias permitiendo el libre comercio y el movimiento de capitales, siendo los principales beneficiarios, adivinó usted, los grandes consorcios, poseedores de las mejores tecnologías, procesos productivos y dominadores de las economías de escala, todo ello potenciado por los tratados de libre comercio.

Así la interdependencia económica entre los países, ocasionalmente sacudida por las crisis sectoriales en alguno de ellos. Pero todo seguiría su marcha de la misma forma, si no hubiera hecho su aparición el chivo en la cristalería, el desquiciado magnate norteamericano que, en su segundo período presidencial, sacó el garrote arancelario para el resto del mundo, en especial para los países que le resultan más incómodos: China y México, particularmente contra este, como represalia a la inocultable podredumbre política mexicana desbordada, que inevitablemente se transmina a su territorio y les representa una amenaza a la seguridad nacional, lo que nos recuerda la enorme dependencia que aún tenemos con ellos, la economía más poderosa del mundo. Esto apenas comienza.

En el hoyo

Desde que salimos del entonces Distrito Federal (hoy CDMX), hace 25 años, sabíamos que nuestra ciudad natal iba directa al hoyo y que era la razón principal para huir de ahí. Tristemente, pero al mismo tiempo afortunadamente, nos ha tocado ver este deterioro social y territorial a la distancia, evitando a toda costa ir por aquellos lares a menos que sea por causa de fuerza mayor. El pasado sábado llegó unos de esos momentos en los que tuvimos que dirigirnos hacia ese territorio donde todavía tenemos familia y asuntos que resolver.

De inmediato vino la resistencia a cruzar una carretera cargada de tráfico y accidentes. Tres doritos después, con cinco rosarios rezados y un detente en mano, nos trepamos al auto y le indicamos a Siri que nos informara sobre el estado de la carretera. Siri, al principio, nos respondió que intentáramos más tarde porque no se pudo conectar con Capufe, misma respuesta que recibimos con dos intentos más. Molesta yo, le insistí en la información solicitada, y la muy igualada osó responder: “¿Qué no comprendes que no quiero ir a CDMX? Ustedes tampoco deberían ir, y el sólo hecho de buscarlo en mi navegador me da pánico”.

Ahí fue cuando reventé y me salió lo “defeña”, y respondí: mira Siri, ya te la sabes: haces lo que te pido o te cambio por Alexa. Siri entendió y proporcionó la información. Este tono y estilo “defeño” nos sale a Marido y a mí de modo natural en cuanto sabemos que tenemos que cruzar Cuautitlán, ya que sabemos que es imperativo estar preparados para sobrevivir a la jungla de concreto maltrecho.

Teníamos mucho tiempo de no ir para allá y fue peor de lo que nos imaginábamos. Unos kilómetros antes de cruzar dicha caseta, se comenzó a sentir un ambiente denso y peligroso, y traspasar la misma fue como siempre: comenzar a manejar a la defensiva, con miedo y con ganas de sacar una capa de Harry Potter para hacernos invisibles hasta llegar a nuestro destino. El tráfico como de costumbre: insoportable, sólo que ahora no se debe a desperfectos o carga vehicular, sino a la impresionante cantidad de baches. ¡Qué digo baches, son verdaderos cráteres en todo el trayecto a partir de Cuautitlán! Y no les vimos el fin hasta Naucalpan, que fue nuestro destino final.

Ese lugar donde nacimos y en algún momento de nuestra vida nos pareció majestuoso, hoy es una copia barata de Ciudad Gótica: gris, lúgubre, llena de oscuridad, de miedo, descuidada, maltrecha, corrupta, con individuos sospechosos pidiendo peaje para dejarte pasar de un carril al otro, como dueños de las calles, y ni Batman podría resolverlo. Esto me hizo llenarme de tristes sentimientos y preguntas: ¿Esto es a lo que la 4T llama progreso? ¿Esto es a lo que se refiere con el bienestar del pueblo? ¿No les alcanza para mantener una ciudad limpia y digna? ¿Es insuficiente la recaudación tributaria como para dejar de dar mantenimiento a las vialidades?

En fin, ya de regreso al día siguiente, se encendió la alerta de las llantas de nuestro auto con un aviso anexo que decía: “no regreso a ese inmundo lugar lleno de hoyos. Me duelen mis llantinas y, por el momento, no me hablen, que no me tienen tan contento”.

Y como a veinte kilómetros antes de llegar a Querétaro capital, se vivió a encender la pantalla del auto diciendo: ¡Home Sweet Home!

Este viaje también me hizo cuestionar: ¿qué onda con la gente que se la pasa criticando a Querétaro o que viene a proferir estupideces politiqueras? ¿En verdad piensan que es inhabitable? Se nota que nunca han tenido que enfrentar la verdadera corrupción y el deterioro social. Querétaro es un lugar de luz y, por lo que veo, hay gente a la que le molesta su brillo.

Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.

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