El pasado día 11 de agosto, se cumplieron 342 años de la fundación del Beaterio de Nuestra Señora de los Dolores, ahora convertido en un monasterio, pero que sigue a cargo de las hermanas de la Tercera Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís; siendo uno de los pocos monasterios que permanecen en el mismo lugar de su fundación y con la misma orden religiosa.
La fundación del Beaterio se debió a la visita que realiza el venerable padre Fray Antonio Margil de Jesús, quien, en su paso rumbo a la ciudad de Santiago de Querétaro, se hospeda en lo que era un pequeño colegio para niñas cuyas responsables eran las hermanas de apellido Flores, quienes se encontraban en la Calle Real. Al llegar a este lugar, se da cuenta que puede ser un espacio idóneo para poder realizar una fundación franciscana, pero con el carácter de un beaterio que es la forma canónica que se le otorgo.
Cuando Fray Margil convence a la familia y a las hermanas Flores de realizar esta fundación, pide un espacio de terreno de la casa donde habitaban para poder realizar este proyecto y este es otorgado con gratitud para continuar el proyecto; y sucede que en la primera visita para señalar como se tenia que distribuir, Fray Antonio Margil, clava en el suelo su bastón para señalar el lugar donde se tenía que realizar el cementerio y la huerta del lugar. Sin darse cuenta lo deja clavado y ese día se retiran a descansar, para continuar al siguiente día su viaje cuyo objetivo principal era la fundación del Colegio de Propaganda Fide de la Santa Cruz.
Al día siguiente, Fray Antonio se da cuenta que no traía consigo su bastón, por lo que pide que lo recojan del lugar donde lo había utilizado y al ir a recogerlo se dan cuenta que el bastón había florecido y era un hermoso limonero, fresco y lleno de brazos, por lo que, al comentar esta situación, Fray Antonio Margil se sorprende y pide que se quede en ese lugar interpretando que era la voluntad de Dios. El limonero fue creciendo y dando frutos, los cuales eran solicitados al igual que los azahares que daba el árbol, por los feligreses de la ciudad porque consideraban que eran milagrosos ya que en muchos casos encontraron la devolución de la salud de los enfermos. Esta situación se dio por más de dos siglos hasta que las religiosas fueron exclaustradas en la ultima ocasión en el año de 1926, cuando el edificio se convierte en la sede de la Secretaría de Salud y es arrancado el limonero de la huerta donde se conservaba.
Afortunadamente, manos piadosas habían guardado retoños de ese milagroso árbol y al regreso de las religiosas en los años cincuenta del siglo pasado, uno de esos retoños es plantado, teniendo la suerte de crecer y producir frutos, sin embargo a finales del año 2017, se presenta un bacteria que afecta en la ciudad a muchos árboles frutales dañando este limonero y secándolo por completo, siendo sustituido por un nuevo limón que había retoñado y que había sido fruto de ese árbol y es ahora el que se encuentra sembrado en el huerto del monasterio, teniendo la misma devoción de los feligreses sanjuanenses de ser milagroso gracias al prodigio del venerable padre Fray Antonio Margil de Jesús.