En Querétaro sabemos que la palabra refuerzo ha sido un arma de dos filos. A veces ilusión, a veces el primo del primo que jugaba en quién sabe dónde. Pero ahora Gallos cambia la jugada: no se fichó al azar, sino con software y datos.
Tecnología para encontrar talento: comprar barato, apostar a jóvenes con proyección y confiar en que la máquina tenga mejor ojo que los directivos.
Por eso llegaron Michael Carcelén y Edison Gruezo, dos ecuatorianos del mismo equipo. Carcelén, mediocampista de 28 años; Gruezo, apenas 18. Uno para ordenar la media, el otro para crecer y sorprender. Llegaron a buen precio tras un rastreo que no depende de palancas, sino de métricas.
Esto no garantiza victorias, pero la apuesta tiene lógica: no tapar huecos, sino construir. Para una afición que ha visto más promesas que realidades, es un respiro.
Por cierto, el domingo «La Corregidora» se escuchó. Gran parte de la afición entonó cánticos de la Resistencia y por momentos se sintió como antes. La voz retumbó sin miedo, recordando que Gallos no solo vive en la cancha: también late en las gradas.
El refuerzo más importante siempre será la afición. Con esa fuerza y con un equipo que juega mejor, hay con qué pelear. Muchos no quieren a Benjamín Mora, pero hace lo que puede con lo que tiene, y el plantel lo intenta.
Ojalá la máquina no se equivoque y estos refuerzos sean gallos de pelea. Porque la gente ya puso su parte… ahora toca que en la cancha respondan. ¡Dale Gallos!