En los últimos 20 años Querétaro ha tenido un crecimiento poblacional significativo, pasando en el año 2000 de 1 millón 400 mil personas, a tener en la actualidad alrededor de 2 millones 500 mil personas, según datos del INEGI y CONAPO, lo que representa mayor inversión en infraestructura, en vivienda, salud, transporte, seguridad y educación, entre otros rubros.
En esta columna, me enfocaré en el reto que implica la educación universitaria, en específico, la pública. Según los últimos datos de la Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa de la SEP, en el ciclo escolar 2024-2025, en educación superior se encontraban 107,063 estudiantes, de los cuales 55,361 (51.7%) estudiaban en una escuela pública y 51,702 (48.3%) en escuela privada.
Esta cifra contrasta demasiado con la matricula estudiantil en la educación media superior, que en total contaba con 99,028 estudiantes, de los cuales 73,130 (73.9%) la cursaban en una escuela pública, mientras 25,898 (26.1%) estudiantes la cursaban en una escuela privada. Es decir, nuestros jóvenes sí tienen espacios en el bachillerato o preparatoria pública, no así, cuando intentan ingresar a la universidad pública.
Para dimensionar está problemática; la UAQ este año rechazó al 58% de aspirantes a licenciaturas, la Normal de Querétaro hace dos años rechazó al 53% de aspirantes, por mencionar algunos ejemplos. Por esto, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado la construcción de la Universidad Rosario Castellanos en Querétaro, antes de que concluya su sexenio, aún por definirse el lugar donde se ubicaría, por lo que sin duda, esta gran obra abonaría a esa deuda que tenemos con la educación superior en nuestro estado.