Hoy, 4 de octubre, celebramos la fiesta de san Francisco de Asís, uno de los más grandes hombres reconocidos por toda la humanidad, sobre todo, por su mensaje de humildad, de paz, de concordia y de servicio. La historia de San Francisco, el hijo de un rico comerciante que deja todo a partir de una revelación al estar orando ante la imagen del Cristo del Templo de San Damián, se ha trasladado, por siglos, hasta nuestros días como un ejemplo claro de abandonar el mundo para seguir el evangelio de Jesús.
San Juan del Río no es ajena a San Francisco, cuya vida debiera de conocerse un poco más. La orden por él fundada, los franciscanos, fue la principal promotora de la evangelización en el continente americano y, con ella, se fundaron muchas de nuestras ciudades.
La tradición nos dice que, en la fundación de nuestra ciudad, participó un religioso de la Orden de San Francisco llamado fray Juan Bautista, que pudiera ser, más bien, fray Juan Vadiano o Badillo, que es el nombre que aparece en las crónicas franciscanas. No es de dudar que efectivamente viniera uno o varios religiosos franciscanos en las colonizaciones españolas, sobre todo, porque ellos mismos son los que redactaron cómo se hacían las fundaciones de los nuevos pueblos. Caso concreto lo tenemos en el documento que narra la historia de la fundación de nuestra ciudad y de la ciudad de Santiago de Querétaro, que es una crónica que se guarda en un convento dedicado a San Antonio en Roma y que, en su momento, se utilizó para justificar la conquista de lo que fue el Virreinato de la Nueva España.
Mención especial es que, en nuestra ciudad, no se estableció ningún convento franciscano, como ocurrió en casi todas las ciudades del centro del país, por lo que el curato de San Juan del Río no perteneció al clero regular, sino al clero secular del Arzobispado de México, situación poco común en la historia de la Iglesia en México.
Sin embargo, la influencia de los franciscanos se vio en la fundación del Beaterio de Nuestra Señora de los Dolores, que inicialmente fue un colegio para niñas y posteriormente se convirtió en un beaterio para religiosas que adoptaron, como forma de vida, lo estipulado para la venerable Orden Tercera Regular fundada por el propio San Francisco.
Mención importante en esta fundación es la participación del venerable siervo de Dios, fray Antonio Margil de Jesús de la Orden Franciscana, quien fue el reformador de la escuela de niñas y fundador del beaterio y de cuya fundación se cuenta la hermosa leyenda del limón que floreció del bastón de este gran hombre.
La imágenes de San Francisco se pueden observar en el templo del beaterio en Santo Domingo y en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe. Ojalá, sepamos un poco valorar más lo orígenes de nuestra ciudad y el sentido de muchas cosas que, ahora, pasan desapercibidas para gran parte de la población.