La distorsión de la percepción es un fenómeno psicológico consistente en la alteración o modificación de la forma en que percibimos la realidad. En el contexto político, los gobiernos populistas han utilizado esta técnica para manipular la opinión pública y mantener su poder.
En la actual era de la hipercorrupción –forjada y lanzada desde el Palacio Nacional hace siete años–, su viabilidad y la garantía de su impunidad requieren de campañas intensivas destinadas a provocar la distorsión en la percepción pública sobre las verdaderas intenciones del Gobierno, con narrativas falsas y engañosas adaptadas a sus intereses.
Estas incluyen elementos como el control e influencia sobre los medios de comunicación para difundir su mensaje y silenciar a la oposición. La creación de enemigos comunes –reales o imaginarios, como los conservadores o el imperialismo– busca unir a la población detrás de su liderazgo y justificar políticas represivas, siendo esta treta una de las más ilustrativas acerca del nivel de bajeza de un determinado Gobierno.
Apelar a las emociones y sentimientos de la población –usualmente aquellos del más bajo nivel, como el resentimiento, el rencor y los complejos–, en lugar de la razón y la lógica, ha resultado ser una triquiñuela especialmente exitosa en estos años para provocar la división y la confrontación.
La distorsión de la percepción lleva a la negación de la verdad y la realidad, lo cual ya tiene consecuencias graves para la sociedad. Su práctica no es remotamente nueva o moderna. Lleva siglos aplicándose eficazmente a nivel mundial y tiene como único requisito la existencia de mayorías acríticas, crédulas y de bajo nivel intelectual, frecuentemente con dificultades para su subsistencia, el público perfecto para el ejercicio demagógico, y ni su repetición inmisericorde a través de la historia es suficiente para tenerse en cuenta por las generaciones posteriores para ser contrarrestada y evitada a toda costa.
Es fundamental que los ciudadanos estén conscientes de estas tácticas y busquen información verificada para tomar decisiones informadas. La educación crítica y la conciencia ciudadana son clave para prevenir la manipulación y proteger la democracia.
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