En Gallos se están moviendo cosas que van más allá de la cancha. Proyectos, ideas y estrategias que apuntan a un mismo objetivo: que ser aficionado de Querétaro deje de ser solo una pasión local y se convierta en una experiencia viva, global y rentable.
Detrás de esta visión está un grupo de trabajo que ha entendido algo fundamental: el futuro del futbol no solo se juega los fines de semana; se construye todos los días. Ahí entra el trabajo de Pepe Escamilla, ‘chief business officer’ de Gallos Blancos y quien está impulsando una transformación que conecta la historia del club con una visión moderna de negocio, identidad y comunidad.
Pepe no habla de futbol como negocio por frialdad, sino por propósito. Su planteamiento es claro: “irle a Gallos” tiene que ser una experiencia completa. Desde cómo se vive un partido en el Corregidora hasta cómo se representa la marca fuera de México.
Su enfoque no se queda en vender boletos o camisetas; se trata de crear un sentimiento que trascienda fronteras, que se pueda compartir, consumir y presumir con orgullo queretano en cualquier parte del mundo.
Entre las iniciativas que ya se están cocinando, figuran proyectos tan ambiciosos como la apertura de un Café Gallos en ciudades fronterizas, pensado como punto de encuentro para migrantes y aficionados, un pedacito del Corregidora en suelo norteamericano. También la idea de llevar la marca hacia Asia y Medio Oriente, no solo como presencia comercial, sino incluso a través del fichaje de jugadores originarios de esas regiones para abrir nuevos mercados y audiencias.
No es humo: es estrategia. Los números lo respaldan. El objetivo es que, en dos años, el club incremente en un 50 por ciento sus ingresos actuales, diversificando sus fuentes y fortaleciendo su estructura financiera sin depender de un solo rubro. En palabras simples: que Gallos deje de vivir del marcador y empiece a vivir de su marca.
La semana pasada, Gallos Blancos formó parte del Sports Summit USA, un evento que reúne a los principales líderes, ejecutivos y profesionales del deporte mundial para discutir tendencias, innovar y generar oportunidades de negocio. Es el tipo de foros donde se habla del deporte no solo como competencia, sino como industria, cultura y tecnología.
Ahí, el ‘co-owner’ del club, Ed Malyon, compartió panel con figuras de talla internacional como Devin Hill, de JP Morgan, el banco más grande de Estados Unidos; Danilo Caixeiro, de Eagle Football Holding, grupo propietario del Olympique de Lyon, el Botafogo y el RWDM de Bruselas; y Andrés Gutiérrez, de Legacy Sports Partners, fondo de inversión dueño del Vendsyssel FF de Dinamarca.
La presencia de Gallos en este tipo de escenarios no es menor. Es una señal clara de que Querétaro quiere jugar en otra liga, una donde se hable de innovación, de marca, de expansión y de alianzas globales. Donde los clubes ya no solo pelean puntos, sino posicionamiento en la mente y el corazón de los aficionados del mundo.
Sí, habrá quien diga que esto suena demasiado ambicioso, pero ¿cuándo fue malo soñar en grande? Gallos siempre ha sido un club que desafía las etiquetas, que se levanta, que resiste y que sorprende. Ahora le toca dar un paso más: evolucionar. Convertir esa pasión local en una bandera que se vea y se viva en todos lados.
Cuando se combina la emoción de la tribuna con la visión empresarial, cuando se entiende que el futbol también es una plataforma de desarrollo, lo que antes parecía imposible empieza a volverse alcanzable.
Gallos ya está volando diferente. No es casualidad. Es el resultado de una nueva forma de pensar el club: con corazón queretano y mirada global.
El reto apenas comienza, pero el rumbo está claro: ser un equipo que no solo se juegue, sino que se viva.