Pareciera que Gallos vive atrapado en un libreto que se repite: empieza con orden, con ilusión, con esa esperanza de que “hoy sí puede ser distinto”… pero el rival encuentra el hueco, la defensa se descompone y los goles entran como agua.
Durante 14 minutos hubo partido. Parecía que Gallos podía sacar un empate del infierno, el planteamiento fue exageradamente defensivo y, aun así, Toluca no tuvo piedad.
Después del primer gol, lo que vino fue un vendaval de anotaciones… 15 minutos infernales donde Castro, Paulinho y Alexis Vega condenaron el partido. Ya en el segundo tiempo, Raymundo Angulo completó un 4–0 contundente, imposible de discutir.
El primer tiempo fue una pesadilla donde Gallos no logró hilvanar tres pases seguidos. Cada avance del Toluca parecía que terminaría en tragedia. En la segunda parte hubo algo de orden, por orgullo y por estrategia, pero el daño ya estaba hecho.
Esto se esperaba. Toluca es, hoy por hoy, el más claro aspirante al título, y caer en su cancha estaba dentro del presupuesto. Uno siempre quiere que Gallos gane, pero hay que entender contextos y levantar la cabeza.
Esta noche el partido debe ser diferente. Chivas llega como octavo lugar de la tabla y hoy, La Corregidora tiene que pesar. No es momento de villamelones: es momento de estar, apoyar y empujar.
Hoy Gallos debe retomar lo que venía haciendo: jugarle a Chivas sin miedo ni prejuicios, porque el torneo aún vive.