En días pasados, tuve la fortuna de poder llevar a mis alumnos de preparatoria a conocer las criptas del actual Templo Parroquial de San Juan Bautista, en el corazón de esta ciudad, un lugar que, para muchos, es desconocido y del cual se han dicho muchas cosas, pero que, en la mayoría de los casos, no tienen que ver nada con la realidad de uno de los lugares donde descansan los sanjuanenses después de que han fallecido.
El padre Guillermo Romero Padilla, párroco de San Juan Bautista de 1939 a 1946, fue un sacerdote que se dedicó al cuidado de su feligresía de un modo muy singular, sobre todo, luego de que había pasado la persecución religiosa en el estado y que había dejado con mucho dolor a los fieles católicos que vieron su fe quebrantada por las disposiciones de la autoridad estatal.
Entre las labores como párroco, fue la atención a las comunidades que, en ese tiempo, tenía la parroquia, el arreglo de los templos de la ciudad, el volver a crear asociaciones para el culto de los fieles y algunas otras situaciones importantes como la creación de la escuela parroquial que, a la postre, es el prestigiado colegio Centro Unión.
De las obras materiales que hizo el padre Romero, fue la restauración del antiguo Templo del Sagrado Corazón de Jesús, que, por mucho tiempo, se le conoció como Templo de los Naturales y que, a partir del año 2006, es la sede parroquial de San Juan Bautista. Entre las obras que se realizaron, fue una nueva decoración del templo, el cambio del presbiterio, el arreglo de la sacristía y de un salón anexo que existía y el cambio del piso, que sin embargo, incluyó la edificación de unas criptas en el subsuelo, las cuales consistieron la edificación de 300 gavetas y de un altar para las celebraciones en ese lugar, además de un osario para el depósito de los restos de las personas desconocidas que se iban y que se fueron encontrando en las diferentes obras de restauración de los principales templos de la ciudad.
Con el paso del tiempo, el párroco Francisco Herrera, edificó algunas gavetas en los lugares de las entradas y en los huecos que quedaron de la edificación. Es de mencionar que, en la construcción de este lugar, participaron los feligreses con faenas para sacar la tierra y todo lo que se encontraba en el suelo, principalmente los fines de semana y, de esa forma, se consolidó su construcción. En este lugar, se encuentran actualmente todos los espacios adquiridos.
Dentro de este lugar, encontramos a muchos sanjuanenses que, por un gran espacio de tiempo, estuvieron enterrados en los panteones de la ciudad y que sus familiares los han trasladado a las criptas. Solamente se encuentra un solo resto humano que fue enterrado inmediatamente al morir, que fue el del padre Secundino Trejo, que fue, más de 30 años, vicario de la parroquia sanjuanense. Este lugar es un lugar sagrado, un lugar de reposo y de oración, por lo que normalmente no está abierto al turismo a pesar de las leyendas y las afirmaciones que muchas de ellas son completamente falsas.