La finalidad primaria del Estado es proveer seguridad a la población. De hecho, históricamente, este surge como reacción de los pueblos ante las amenazas externas. También, históricamente, la eficacia del Estado en las diferentes latitudes ha variado como resultado de diversos factores, como la corrupción, el grado de poder del crimen organizado en cada región y el nivel de efectividad de ese Gobierno para integrar y coordinar a sus fuerzas internas y articularlas con las de otras demarcaciones o países para tal efecto.
La insatisfacción de este requisito, vital para el desarrollo de cualquier comunidad o nación, convierte en simulación pura la estancia de todo grupo o individuo en la función pública, y el populismo, en pleno siglo XXI, es tan vigente como lo fue siempre.
La humanidad recorre el mismo camino una vez más dada su lastimosa incapacidad de aprender de las lecciones del pasado, al entregar todo el poder a sus propios opresores, quienes, ellos sí, se vuelven más sofisticados en el arte del dominio y del engaño, empleando los mismos métodos de siempre, pero modernizados con las nuevas tecnologías de control, espionaje y rastreo en tiempo real.
Sin embargo, la realidad de países como México es aún peor, cuando ambos, el crimen organizado y el Gobierno, tienen la misma procedencia. Nadie se combate a sí mismo, menos cuando las cosas les están saliendo tan bien, lo que explica el imparable y exponencial crecimiento del crimen en los últimos siete años. Abrazos, no balazos.
Como pocas veces en la historia reciente, el país se encuentra en llamas con los recientes asesinatos de líderes productores del campo y, más visiblemente, del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, ante la indiferencia de la Federación, cuya respuesta de la Presidencia de la República –vaticinada puntualmente por esos comentócratas carroñeros– consistió, entre otras salidas, en culpar a Calderón (en una de esas debería incluir también a Salinas y hasta a Porfirio Díaz), continuando con la retórica del movimiento.
México está furioso, pero la presidenta dejó en claro que no hará la guerra al crimen organizado. Trump ya la comenzó y la está escalando rápidamente, junto con la indignación internacional por lo que aquí ocurre. Al final de la historia, cada quien tendrá lo que sembró.
Distrofias
Vivimos en un mundo donde la discordia y la intolerancia parecen ser la norma. La guerra y la violencia han pasado a ser un espectáculo cotidiano, mientras que la división y la polarización se profundizan cada vez más en nuestras sociedades. ¿Quién es responsable de todo este caos? ¿Será que es la naturaleza del humano y en el ADN viene el impulso de generar sistemáticamente estas conductas?
Cada país tiene sus particularidades, sus políticas, sus acciones y reacciones ante cada situación, entendiendo que las cosas nunca son unilaterales cuando se trata de conflicto.
Este microanálisis me lleva a pensar que el Gobierno mexicano vive metido en el trompo, los trancazos y la guerra no solo al interior del país –donde ya no se ve lo duro sino lo tupido–, sino también lo tienen al exterior, y sorprendentemente lo disfrutan y hasta lo promueven. Les complacen las confrontaciones constantes, donde, por más que los tunden por tan exiguos argumentos, ellos no cesan de presumir su arrogante ignorancia cada mañana, colocándonos como el país del hazmerreír. Ahora hasta con Perú salimos del chongo y nuevamente peluseados.
Resulta que, el pasado lunes, el canciller peruano Hugo De Zela, en conferencia de prensa, salió bastante molesto a romper relaciones diplomáticas con México (chanclas, ya me quedé sin conocer el Machu Picchu), luego de que la flamante embajada de nuestro país iniciara un procedimiento para otorgar asilo a la ex primera ministra Betssy Chávez, quien fuera la última jefa del gabinete de Pedro Castillo y quien ya se encontraba apoltronada en nuestra embajada en Lima, lo cual el canciller De Zela calificó como acto “inamistoso”, que se suma a la defensa de Castillo que en su momento hizo el “intestinal” expresidente AMLO, y que derivó en el retiro mutuo de embajadores a inicios de 2023. ¡Hombre, una chulada!
Perú, en general, es un país pacífico, pero al parecer el Gobierno de cuarta que tenemos saca de quicio hasta a la ‘Mona Lisa’, y lo peor: pretenden continuar con sus cantaletas, sus mentiras y manipulaciones. Ellos insisten en que son la verdad y el camino a seguir. No importa cuántas manifestaciones de desaprobación a sus procederes existan, cuántas desgracias sucedan, cuántos auxilios se pidan, cuántas muertes se acumulen, cuántas lágrimas se derramen… No existe empatía ni compasión; lo único que se tiene como respuesta desde las mañaneras, cuando se cuestiona al respecto, es desdén, menosprecio, indiferencia, insultos, descalificaciones y culpas a lo absurdo.
Por cierto, si cuando ocurren desgracias en este país, salen enojados por su incapacidad e impotencia a proferir que hay muchos carroñeros, es porque el país está putrefacto.
Le esperamos hoy a las 21:00 horas en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por ‘streaming’ en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí… para echarnos otro caldito.