
Los Blanchet/Caldo de Cultivo
Todos los seres vivos, desde los unicelulares hasta los mamíferos superiores, somos susceptibles de sufrir la invasión o colonización por parte de otros organismos que se alimentan y viven a costa nuestra sin matarnos en lo inmediato, aunque en el mediano o largo plazo, lo terminan haciendo inevitablemente.
Y atendiendo a la máxima de “como es arriba es abajo”, las sociedades humanas desarrollan también sus propias parasitosis que las carcomen por dentro, les impiden desarrollarse y crecer, para finalmente descarrilarlas mortalmente.
La sangría que estos parásitos ejecutan es variada y hasta, diríamos, creativa, para adueñarse del fruto del trabajo de los demás, llámense individuos o negocios, a cuyo producto o servicio no agregan ningún valor, simplemente se apropian de él.
Históricamente, el intermediarismo, sin ser un delito propiamente, fue el factor que encareció sin justificación los productos y servicios. El pedestre caso de los individuos que inamistosamente interceptan los camiones con suministros a la llegada de las centrales de abasto para imponerles un sobreprecio, fue el ejemplo más ilustrativo.
En tiempos de retroceso político, de colusión, de corrupción desbordada e impunidad insultante, las parasitosis en forma de extorsión, de derecho de piso, el huachicol (en todas sus modalidades) y demás variantes del crimen organizado, asfixian a la nación y a la economía con sumas estratosféricas de dinero y violencia desbordada, con la protección desde el poder.
El gobierno mismo, cuando se corrompe de la manera que actualmente atestiguamos, se convierte en un parásito más al recaudar contribuciones y no devolver el valor a la sociedad en forma de servicios públicos de calidad como seguridad, salud, educación e infraestructura, utilizando esos recursos para sus propios fines políticos y de enriquecimiento personal.
México ya muestra signos avanzados de asfixia en su economía, en su vida pública, en el estado de derecho, pero comienza a reaccionar demasiado tarde, cuando las convulsiones ya hicieron su aparición. La desinversión, el miedo y la destrucción institucional llaman poderosamente la atención de la comunidad internacional, alimentando la tentación de intervención por parte de nuestro poderoso vecino, al que nuestros gusanos, desde hace rato, ya comenzaron a parasitar también.
Biker & Rock
El domingo pasado nuestro buen amigo “Rodris”, quien se distingue por ser abogado, administrador inmobiliario, biker, beisbolista, baila tango, masca chicle, pega duro y tiene viejas de a montón, ¡tu ru rú!, nos invitó a conocer un lugar muy peculiar en Tequisquiapan, llamado Black Dog. Fuimos convencidos, ya que Rodris nos había anticipado que es un lugar donde se reúnen los bikers, se come rico y tocan buen Rock en vivo. Este último rubro es para nosotros como llevar a un niño a la juguetería, así que, confiando en el buen gusto del Rodris, aceptamos ir.
También extendimos la invitación a nuestro amigo “el tocayo” quien siendo un excelente baterista, gusta del mismo género musical. Fue entonces que, dispuestos a pasar un domingo diferente, nos trepamos al automotor y en el camino, Rodris nos iba contando más detalles del lugar.
Como mencioné, el Black Dog es un “Biker Zone”, ubicado a la orilla de la carretera, con todo el concepto de película gringa. Aunque soy fan de las motos, -ya que mi santo “papaíto” me inculcó el gusto por las mismas e incluso me enseñó a manejarlas, y por un tiempo fue mi medio de transporte y diversión-, no estaba muy familiarizada con el tema “biker”.
Al llegar al lugar nos encontramos con que estaba totalmente lleno ya que, por coincidencia, ese día era el cumpleaños del dueño y vocalista principal de la banda de casa. Lo primero que llamó mi atención fue ver la cantidad de hermosas motocicletas alineadas como si fuera una exposición. Inmediatamente me atrapó ver a todos (hombres y mujeres), en atuendo “biker”. Su aspecto, de entrada, les hace ver rudos, ya que suelen llevar consigo un sin fin de tatuajes y chamarras de cuero con estoperoles, los cuales rompen con los esquemas tradicionales de los parámetros de la moda.
Pero nosotros también íbamos injertados en personaje, porque el atuendo de rockero va, en mucho, paralelo al del biker: jeans, chamarra negra de cuero, botas, cadenas y cara de malo.
Sus hermosas motocicletas impactan al momento de darles unos buenos acelerones, que hacen notar sus potentes motores, poniéndole la piel chinita a cualquiera.
Ya estando ahí, Rodris hizo gala de sus buenas relaciones públicas saludando a toda persona que se nos cruzaba en el camino. Todos extendían su mano y dibujaban grandes sonrisas, haciéndonos sentir bienvenidos (se notaba que éramos nuevos en el lugar). También nos aproximamos a los dueños, un matrimonio encantador quienes nos recibieron con cariño y calidez. El dueño, un artista rockero famoso de los noventas (por un tiempo vocalista del grupo Cristal y Acero), y que por temas musicales había coincidido con Marido en alguna ocasión, hizo que entráramos rápidamente en ambiente.
Comimos y nos hidratamos, yo con un refresco de cola y los demás con bebidas espirituosas a base de cebada y agave, hasta que comenzó a tocar la banda. En ese momento ocurrió otra coincidencia: el guitarrista del grupo era conocido del “tocayo” y también de Marido. Eso cada vez se volvía más familiar. Al escenario se subieron “al palomazo” otros artistas también muy talentosos y fuimos descubriendo la gran hermandad que son, cómo se cuidan, se quieren, se divierten sanamente y, como niños, oran unos por los otros para que el Creador les proteja en su camino y contribuyen para causas sociales, descubriendo que detrás de ese aspecto rudo viven unos seres humanos geniales, sencillos, almas libres con bellos sentimientos y sentido de hermandad. Definitivamente deberíamos de aprender más de ellos, creo que seríamos más felices.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.
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