Es una pregunta que suele plantearse en redes sociales, foros y conversatorios académicos con la finalidad de reflexionar sobre la apertura de poder expresar nuestros argumentos. Vivimos en un México polarizado, dividido y enfrascado en debates superfluos con tintes personales. Las noticias estelares versan sobre desapariciones forzadas, delincuencia organizada, cierre de negocios, robos, desempleo, violencia y privación de la vida, entre otros contextos, que despiertan la opinión pública.
Desde Palacio Nacional, la retórica es contraria. Todo está bajo estricto control del Estado y la estrategia prospera. Nada más ofensivo que insultar la inteligencia de usted, estimada o estimado lector. Ejemplos como la marcha del colectivo “Generación Z” o el atentado contra Carlos Manzo, habla de un país en donde las posturas contrarias no encuadran.
En gran medida, los acontecimientos recientes se deben a una política de encubrimiento, corrupción, impunidad y ausencia de gobernabilidad que permite que unos cuantos, impongan su voluntad frente a los intereses de la colectividad.
Así las cosas, los esfuerzos por alzar la voz no deben de desprestigiarse, no se trata de una oposición, son exigencias legítimas en temas concretos que afectan la establidad nacional. Nos corresponde hacer valer un derecho constitucional frente a una adminstración que ha demostrado ser omisa e incrédula respecto a la cotidianidad.