Se va el año y como después de un partido intenso, toca respirar hondo y mirar atrás. No sólo para ver resultados, sino para entender el camino. Este año confirmó que ser de Gallos no es sencillo, pero sí auténtico. Hubo tardes que ilusionaron, noches que dolieron y silencios largos que pesaron más que cualquier derrota.
Vivimos cambios, ajustes y momentos de incertidumbre. También destellos que nos recordaron por qué seguimos aquí. Porque el aficionado de Querétaro no abandona. Está en el estadio, frente a la pantalla y defendiendo los colores todos los días. Aquí no se apoya sólo cuando se gana; aquí se acompaña siempre.
Este año dejó aprendizajes. Entender que los procesos no son inmediatos, que el carácter se forja en la adversidad y que la identidad vale más que la tabla. Gallos mostró corazón, mostró orgullo y dejó claro que hay bases para creer sin caer en la comodidad ni en el conformismo.
Cerrar el año es como escuchar el silbatazo final: cansancio en las piernas, pero la cabeza llena de recuerdos. Antes de hablar de refuerzos o promesas, vale agradecer. A quienes se entregaron en la cancha, a quienes trabajaron fuera de ella y sobre todo a la afición que nunca falla. Gracias por leerme durante este 2025. Que venga el descanso, la reflexión y un nuevo año con más ilusión que miedo. Dale Gallos, Feliz 2026.