¡Qué inicio de año! Los vaticinios se quedaron cortos. La sacudida fue literal en lo tectónico y no se diga en lo geopolítico. Sucedió finalmente lo anunciado. El dictador bananero venezolano fue capturado por las fuerzas norteamericanas cuando el mundo aún no se reponía de la resaca decembrina ni hemos concluido el Guadalupe-Reyes.
Como era de esperarse, surgieron las reacciones y pronunciamientos a favor y en contra de la espectacular operación, llamando la atención estas últimas por parte de los gobiernos del eje castro-chavista al que nuestra Tombolandia fue anexada hace siete años, indignación que más bien denota miedo, dada la publicitada información acerca de sus colusiones en actividades criminales con el régimen recién descabezado, posicionamientos a los que, con total cinismo, se suma Vladimir Putin, invasor ilegal de Ucrania.
Por otro lado, surge el debate acerca de la motivación de fondo para la realización del ataque de marras: el combate al narcotráfico; distraer la atención sobre el caso Epstein; el agandalle sobre el petróleo venezolano con la intención de cobrarse añejas expropiaciones y, de paso, recuperar el valor del maltrecho petrodólar; el derrocamiento de regímenes izquierdistas incómodos; el desmantelamiento de redes de espionaje e infiltración enemigas amenazantes de su seguridad nacional y la recuperación de su hegemonía en el Continente. La respuesta correcta es: todas las anteriores, cada una con su peso y urgencia específicos.
Con esta incursión, Trump busca anotar una carambola de cinco bandas. Si bien él es un individuo eminentemente monetarista y el aspecto ideológico le resulta irrelevante, este elemento lo aporta Marco Rubio, enemigo declarado de las dictaduras pseudo izquierdistas latinoamericanas, lo que no se contrapone con lo primero y más bien lo complementa.
Finalmente, persistirá la discusión acerca de la ilegalidad de esta acción y las ejecutadas con anterioridad sobre las embarcaciones venezolanas en el Caribe y el Pacífico dentro del contexto propio y el internacional. La Casa Blanca preparó con antelación un marco legal que le protegiera, al declarar como organizaciones terroristas a la pandilla de Maduro y otras más, pero no parece ser suficiente, aunque Trump está acostumbrado a saltarse las trancas sin consecuencias, como fue el ataque al Capitolio, sus aventuras sexuales y sus felonías.
Lo cierto es que Trump, en su segundo mandato, retoma el rol activo en la escena internacional que abandonó en el primero, en el que se replegó y realizó recortes buscando ahorros que, a la larga, resultaron contraproducentes para los intereses norteamericanos, al crear vacíos que sus adversarios gustosamente llenaron.
El relanzamiento de la Doctrina Monroe es tardío, pero va en serio y esto es sólo el comienzo. Su implementación poco tendrá que ver con la diplomacia y le quedan tres años para limpiar el vecindario y acomodar las fichas a su gusto y conveniencia. Por cierto, no pasará mucho tiempo sin que se conozca la manera en que todo esto le beneficiará en términos de su enriquecimiento personal. Él no da paso sin huarache.
Agárrense todos los que se tengan que agarrar, que el recorte de barbas ya comenzó.
¿Qué sigue?
Parece que los mexicanos estamos acostumbrados a empezar cada año con unos buenos sustos. Desde que tengo uso de razón han sido las devaluaciones, los gasolinazos, el COVID a principios del 2020, y ahora entrandito el 2 de enero, el temblor en la CDMX. Ya nos habíamos comido nuestros respectivos bolillos pal’ susto, cuando al día siguiente, ¡atrapan a Nicolás Maduro en su casita!, y que conste que él lo pidió.
Es como si el Universo dijera: «Hey, México, no te relajes, que hay más sorpresas en camino» ¿En serio? ¿Más? Espera Universo. Los mexicanos apenas estamos saliendo de la resaca navideña y todavía no cruzamos la Candelaria. ¡Ten piedad!
Ahora, el temblor sí es nuestro tema por lo ya vivido, pero ¿lo del “dictador Maduro”? Seamos realistas. El grueso de la raza, aparentemente, y como por arte de magia, el día 3 de enero amaneció como titulada por el ITAM en Economía, Política Internacional, mercado de hidrocarburos y demás, clamando sobre la autodeterminación de los pueblos y la no violación al Derecho Internacional. ¿Sabrán lo que es eso?
El 3 de enero, mientras el mundo pensante, y principalmente los venezolanos dentro y fuera de dicho país, celebraban la captura de Nicolás Maduro, México se convirtió, una vez más, en el escenario de una comedia involuntaria. Un puñado de mexicanos, -no venezolanos-, con la indignación a flor de piel, salieron a las calles a exigir a Estados Unidos soltar a Maduro. La abuela hubiera dicho: «dejen de sufrir calenturas ajenas, m’ijo», ese asunto no pega en el bolsillo de los mexicanos, pega en los intereses y negociaciones de Palacio Nacional, quienes son los responsables de que al pueblo mexicano no lo lleven al extremo de comer croquetas para perro, como les ocurrió a los venezolanos.
Comento que me “asusté” al ver las “incontrolables” manifestaciones que se verificaron en algunos lugares como la Embajada Americana y en un monumento perdido de Benito Juárez en CDMX. Y hasta aquí en Querétaro, frente a la oficina de Relaciones Exteriores, dichas “multitudes” no superaban los 15 individuos. Créanme que se juntan más en los puestos de elotes, de tacos y en nuestras tocadas de rock, que en eso que más bien parecían reuniones familiares, de personas que seguramente no saben ni dónde está situada Venezuela. Lo que hace la gente por una lana o cinco minutos de fama.
Por lo pronto, sólo nos queda estar atentos a lo que sigue.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.