La mañana del sábado 3 de enero despertamos con la noticia de que el gobierno de Estados Unidos había realizado una operación militar en la ciudad de Caracas, que culminó con la detención del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores. Después, fueron trasladados a la ciudad de Nueva York, para iniciar un proceso judicial. Más tarde, en conferencia de prensa Donald Trump lanzó amenazas intervencionistas en contra de México y América Latina.
Ante estos hechos, la presidenta Sheinbaum fijó la postura que ha sido base de las relaciones internacionales de México: la no intervención y autodeterminación de los pueblos. Esta máxima, incluida en la Carta de la ONU, representa una aportación histórica de México al Derecho Internacional, la cual se opone directamente a la Doctrina Monroe que ha revivido Donald Trump, que representa desde su existencia un pretexto de Estados Unidos para justificar agresiones en contra de países y mandatarios que representan un obstáculo para sus intereses políticos y económicos.
En palabras del propio Trump, la razón principal para intervenir en Venezuela fue la de controlar el mercado petrolero y “recuperar lo que nos robaron”. Es decir, la frase “América para los americanos” es lo mismo que “Make America Great Again” en la actualidad. Por ello, es importante respaldar sin regateos la política que plantea nuestra presidenta; México no es ni será colonia de ninguna potencia extranjera y nuestra soberanía no se negocia en ninguna circunstancia. La seguridad y la política interna de nuestro país corresponde exclusivamente a la soberanía que reside en el pueblo, y como mexicanos tenemos la responsabilidad de defender nuestra independencia ante cualquier amenaza.
¿América para los americanos? Más bien, el continente americano es para sus pueblos, desde Argentina hasta Alaska, incluyendo a Chile, Brasil, Costa Rica, Cuba, Venezuela, México y todos los países que integran a nuestra América. Cooperación y soberanía sí, intervencionismo y subordinación no.