El día 1 de enero del 2006, solemnidad de María Madre de Dios, monseñor Don Mario de Gasperín Gasperín, octavo obispo de Querétaro, tuvo a bien designar, como Santuario Diocesano, el templo donde los sanjuanenses hemos venerado, por siglos, a la bendita imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
“Con el nombre de santuario, se designa una iglesia o lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden, en peregrinación, numerosos fieles con aprobación del ordinario del lugar” (canon 1230). Con esta definición que da el Código de Derecho Canónico, el pastor diocesano quiso reconocer el gran amor que los habitantes de esta ciudad y de lugares cercanos tienen hacia la Inmaculada del Tepeyac, a quien visitan de manera permanente en el templo construido por los sanjuanenses.
El motivo de piedad, el cual menciona el canon 1230, tiene que ser “peculiar”. No cualquier motivo de piedad basta para que una iglesia sea Santuario. Es motivo peculiar, entre otros, una imagen famosa por sus favores, una reliquia que, allí, se guarda; un milagro que Dios ha obrado allí; una indulgencia especial que, allí, se gana. Se requiere que el pueblo tenga gran veneración y devoción a dichas imágenes o reliquias, que le rinda un culto especial. Esta característica “peculiar” ha sido demostrada por los sanjuanenses a lo largo de la historia con diversas manifestaciones de devoción hacia Nuestra Señora, por ejemplo, tenemos grandes festejos que, año tras año, se realizan el día 19 de enero, aniversario de la Coronación de la bendita imagen como reina de la ciudad y de la Parroquia de San Juan Bautista o qué decir de la multitudinaria peregrinación de “farolitos”, donde miles de personas se dirigen a visitar a la reina de los sanjuanenses en una ferviente romería que se celebra desde hace 68 años.
Hace 20 años, con motivo de los 475 años de la fundación de la ciudad de San Juan del Río, el entonces párroco de San Juan Bautista, el muy querido padre Guillermo Muñiz Vargas, solicitó y obtuvo, del obispo, la declaratoria de Santuario Diocesano a la antigua Parroquia de San Juan Bautista, haciéndose la lectura del decreto el día 19 de enero de 2006 durante las celebraciones del aniversario de la Coronación de la Virgen de Guadalupe. En esa misma ocasión, el anterior templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús se convirtió en el Templo Parroquial de San Juan Bautista al encontrarse, ahí, la imagen del santo patrón de la ciudad.
Al cumplirse 20 años de la declaratoria de santuario, recordamos lo que mencionaba el documento correspondiente sobre esta decisión: “(…) para que junto con el de la Ciudad Episcopal, la devoción a la Señora del Tepeyac crezca y su protección maternal sea, cada vez, más sentida y experimentada por todos los fieles devotos y los moradores de estas tierras, que nacieron y viven al cobijo de tan excelsa Patrona”.