Lic. Francisco Pájaro Anaya/Soy puro San Juan del Río
De los libros que por mucho tiempo eran ocupados para la enseñanza fue el llamado “Staurofila”, que fue escrito por la sanjuanense María Nestora Téllez Rendón, una gran maestra y sobre todo una gran escritora del siglo XIX, que es admirada por las anteriores cualidades, pero también porque había perdido la visión y era completamente ciega.
Nació en esta ciudad de San Juan del Río, Querétaro, el 25 de febrero de 1828, sus padres fueron Antonio Téllez, quien había sido miembro de la Conspiración de Querétaro, y Trinidad Rendón, ambos dedicados a la docencia. Cuando tenía un año de edad sufrió una enfermedad de los ojos y quedó ciega; vivía entonces en Tolimán, lugar que su padre era Prefecto. A pesar de lo anterior, y por mostrar una gran capacidad intelectual, recibió una esmerada educación personalizada en gramática, aritmética y religión.
Cuando falleció su padre, su educación quedo a cargo de su cuñado, el doctor Manuel Altamirano, quien era esposo de Isabel Téllez González, media hermana de María Nestora, y además de médico era maestro de latín. Con él aprendió esa lengua y perfeccionó sus conocimientos de gramática y aritmética.
Más tarde, ayudó a su madre en las actividades en una escuela que dependía de la cofradía del Cordón de San Francisco y preparó a futuras profesoras en gramática y aritmética. Al mismo tiempo continuó su interés por la religión y la literatura y empezó a componer poesías y cuentos.
Su madre murió en 1856, y a partir de entonces continuó con su hermana Dolores Téllez de Noriega a cargo de la escuela en la que enseñaban. Dado que enseñaba sin tener título de profesora, presentó un examen para obtener este documento en 1866. Obtuvo el título correspondiente y además se le confirió la Cruz de la Orden de San Carlos, durante el Segundo Imperio Mexicano. Lo anterior a la gran capacidad mostrada durante los exámenes profesionales que se le practicaron. Entre sus sinodales estuvo el primer obispo de Querétaro, Monseñor Bernardo Gárate López de Arizmendi, quien la examino en latín, sorprendiéndose de la gran capacidad que tenía.
Se comenta que cuando le entregaron la Cruz de la Orden de San Carlos al ya no poder distinguir por la ceguera que tenía, comento: “Esta es una hermosa cruz para mi rosario.”
En 1873, se sometió a una operación de los ojos, llevada a cabo por el doctor Carmona y Valle. Después de la operación recuperó parcial y temporalmente la vista, pero recayó pronto y volvió al estado de ceguera. Escribió una gramática elemental y algunas obras pedagógicas que no se publicaron. Sin embargo, en 1889 consintió que se publicara su obra Staurofila, que ella misma llamó cuento alegórico, a condición de que no se mencionara su nombre.
Murió en Acámbaro, Guanajuato, el 9 de diciembre de 1890. En 1893, tres años después de su muerte, Staurofila, su única novela, volvió a publicarse ya con la mención del nombre de la autora. A partir de entonces la obra se hizo conocida y atrajo a un número creciente de lectores, originalmente dentro de círculos de educación religiosa y años después a público interesado en los géneros mitológicos y épicos.