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4 de febrero 2026

Los Blanchet/Caldo de Cultivo

El arranque del obradorato trajo consigo el desmantelamiento de mecanismos e instituciones de asistencia que, aún dentro de la imperfección, atendían necesidades específicas para la población. El Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) que se creó en 1996 como un fideicomiso público federal para financiar la reparación de daños a la infraestructura pública y vivienda de familias de bajos recursos afectados por fenómenos naturales, fue eliminado en el año 2021 argumentando opacidad y corrupción en su manejo. El resultado: la respuesta deficiente y desastrosa en la prevención y atención a la población afectada por dichos desastres a partir de entonces, como se atestiguó tras la devastación ocasionada por el huracán Otis en 2023 en Acapulco o la ocurrida en Poza Rica el año pasado, sólo por poner un par de ejemplos, evidenciando el desdén gubernamental por la población en problemas.

De igual manera, la cancelación del programa de guarderías, del Seguro Popular y de otros fideicomisos públicos, el desastre de la atención médica, de la educación y de la seguridad pública son prueba fehaciente de que el sobado brete del bienestar no está entre las prioridades reales del régimen, de ahí la extrañeza acerca del insistente argumento de la ayuda humanitaria a Cuba a través del ingente suministro petrolero, incrementado en 89 veces en los últimos meses con respecto al sexenio anterior, que más bien fue un claro intento de compensar el que el caído Nicolás Maduro proveía a la isla. Oscuridad en la casa.

Y no se trata de denostar el concepto de ayuda humanitaria, si ese fuera el caso, pero se sabe que buena parte de ese petróleo era revendido a China. La pregunta es a qué bolsillos iba a parar ese ingreso. Más bien, ese suministro de hidrocarburos era una contribución a un gobierno extranjero cómplice, cuyo club del castro-chavismo criminal está siendo efectivamente desmantelado por el agresivo régimen trumpista.

En un mensaje de Donald Trump de esta semana, en referencia a la conmemoración del fin del conflicto México-EEUU, ocurrido el 2 de febrero de 1848, en el que México perdió más de la mitad de su territorio, se vislumbran nuevas amenazas. Algunos mal pensados ya habían semblanteado la posibilidad de que el republicano mire a nuestro país con nuevas pretensiones anexionistas o, por lo menos, de partirlo en dos, como es la costumbre americana cuando intervienen a otros países. De darse este kafkiano escenario, la pregunta sería: ¿de qué lado dejaría a nuestro querido Querétaro? ¿En la mitad progresista y trabajadora del Norte o en la empobrecida del Sur? Que Dios nos agarre confesados.

De candil a Candelaria

La conexión entre candil y Candelaria es el término «candel». Un candil es un objeto que se utiliza para sostener velas o luces y proviene del latín «candela», que significa «vela» o «luz».

La fiesta que se celebra el 2 de febrero tiene su nombre proveniente del latín «Candelaria», que significa «fiesta de las velas» o «fiesta de la luz».

Habiendo recordado este dato, he de contarles que el pasado 6 de enero fui invitada a un convivio para partir la Rosca de Reyes y, como ya es costumbre, me salió el “niñito”, lo que me llevó a hacer el pago correspondiente de los tamales de marras, pero esta vez no el mero día 2 de febrero por ser día de asueto, sino hasta el día de ayer.

En estas fechas es más fácil encontrar una aguja en un pajar que unos tamales, así que tuve que improvisar comprando algo llenador para satisfacer el hambre de los comensales y que al mismo tiempo sirviera como distractor ante la ausencia del tamal, para estar a tono con esta época de simulación nacional.

Ahí fue cuando solicité a Marido que me llevara a un supermercado fifí para darle solución a mi gastronómico problema. Estando en el lugar, Marido hizo la pregunta letal: ¿Qué vas a comprar en vez de los tamales?  Mi respuesta fue temerosa y angustiante: ¡No lo se! ¿Alguna idea?… Él tampoco tuvo la respuesta. Así que junté mis manitas, miré al cielo y dije: “Yisus” ¡Help!… En esos momentos pasó una señorita del área de panadería con un par de chocoflanes en la mano para colocarlos en el mostrador. ¡Ahí tenía la respuesta! Un chocoflan era la solución a mis problemas.

Ustedes podrán decir: ¡pero un chocoflan y un tamal no tienen nada que ver! (y con la reputación que Chumel Torres le creó al delicioso postre hace unos años) … lo sé, pero yo tenía que resolver el problema y lo compré. Marido sólo dijo: ¿en serio?

Detrás de esa compra había un plan para que nadie se diera cuenta de que no eran tamales. Al llegar a la tamalera reunión, recurrí a la psicología y la manipulación, explicando a todos los presentes de que lo que veían y comerían no era un chocoflan, aunque este tuviera la pinta de chocoflan, oliera a chocoflan y hasta sabía a un exquisito chocoflan, pero ese postre se identificaba a sí mismo como enorme tamal, entonces, si él se identificaba así, ¡era tamal! y yo no era nadie para contradecirlo.

Inmediatamente los comensales quedaron convencidos de que la identificación y disforia de género del postre era genuina, y sin preguntas, degustaron de manera entusiasta el “tamal chocoflanero”. Fue  un convivio feliz. Síganme para más consejos de emergencia gastronómica.

Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.

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