Hay veces en las que El Corregidora es más que un estadio. El sábado fue de esas. No era nada más ganarle a León; era volver a sentir que Gallos puede cuando se lo propone, aunque la tabla y las circunstancias digan otra cosa.
Este equipo venía con la presión encima, con la gente ya impaciente, pero contestó como se contesta en Querétaro: con orgullo y con ganas. Eso sí, Gallos batalló para abrir el partido y hasta falló un penal.
Muchos pensamos que se iba a complicar de nuevo, pero ahí apareció el que cambió todo: Guillermo Allison. En plan grande y siendo factor. Atajó lo que tenía que atajar, tapó varias bravas que pintaban para gol y nos mantuvo vivos y tranquilos cuando el partido estaba tenso.
Y cuando cayó el primero, se soltó el equipo. Jhojan Julio se echó el partido al hombro: primero el derechazo que rompió el cero y también la duda, luego el segundo para cerrar la noche. Doblete y sin exagerar, el mejor partido que le hemos visto desde que llegó a México.
También hay que darle crédito al profe Esteban González: su primera victoria con Gallos se notó trabajada, con orden y buena idea. Fue merecida y era necesaria.
Pero más allá del 2-0, me quedo con la tribuna: los cánticos sonando fuerte y con Pepe Escamilla caminando la grada, conviviendo con la gente. Eso suma, porque pocas veces se ve una directiva así de cercana, preocupada por su gente.
No sé si esto cambie el torneo pero sí cambió el ánimo. Y antes del Clásico de la 57 vale doble. Que sea una inyección para seguir sumando ¡Dale Gallos!