La celebración de los aniversarios de la promulgación de la Constitución Mexicana vuelven a ser parteaguas en el derrotero del Poder Judicial mexicano y Querétaro, el escenario recurrente. En el año 2023, la entonces presidenta de ese poder, Norma Piña, tuvo el atrevimiento de ser la única en permanecer sentada y sin aplaudir la entrada de AMLO al Teatro de la República. El vengativo mandatario tomó nota del retador desprecio y retomó su intención, aún no cristalizada, de someter al Poder Judicial a través de una reforma constitucional, la que se concretó al año siguiente de la manera más sucia y baja de que se tenga memoria: a punta de amenazas y traiciones.
La semana pasada el reflector se encendió en el mismo escenario, pero con actores diferentes. Hugo Aguilar, actual presidente de la SCJN y beneficiario directo de ese patético capítulo de la historia protagonizó, a su llegada al emblemático recinto, un episodio por demás vergonzoso, al ser grabado permitiendo que sus asistentes le limpiaran los zapatos (feos, de media suela y cubiertos de nata de la que ya nadie consume, sobre los que está trepado en las alturas), en plena calle y a la vista de todos, en contradicción de su desgastado discurso de humildad y mesura. Uno más de sus documentados excesos.
Nada de qué sorprenderse en la ya no tan nueva realidad tombolera y acordeonera a la que ha sido llevada la vida pública de nuestro país. La crítica se volcó en masa sobre el personaje y su pequeñez, y el Universo, ese sí, acostumbrado a funcionar con base en leyes, -como aquella de causa y efecto-, expuso, en todo su esplendor, las consecuencias de decisiones y medidas mezquinas, como la infame Reforma Judicial. Norma Piña, -apuesto una cena-, estaría, desde su retiro, moviendo la cabeza como diciendo: ahí tienen.
Y retumbó a todo volumen el Bolero de Arrabal.
Entre tintes, tubos y leyes.
Pues qué amables de su parte por no avisar que desde hace como un año, reabrieron el salón de belleza VIP en el Senado de la República. ¿En serio había uno? Ese que el flamante, “austero” y “humilde” senador Ricardo Monreal, -entonces presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado-, mandó retirar. ¿Pensará que son banalidades? Pero de eso es de lo que hoy vive este gobierno. ¿De qué se espantó?
El caso es que la hoy presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, consciente de las prioridades de la Cámara Alta, ¡lo reabrió! Como mujer, yo le aplaudo. ¡Es como ponerle una dulcería a un niño!
El tema es que cuando lo descubrieron, se armó la gorda. Todo porque cacharon infraganti a la senadora por el Partido Verde, Juanita Guerra, mientras le aplicaban un tinte. Imaginen la escena: la pobre mujer palideció al ser pillada en tan espantosa situación. Para que me entiendan, eso de que a una mujer la agarren con el tinte, tubos, pedicure, separador de dedos de los pies y mascarilla de aguacate, es tan fuerte como cuando olvidas ponerle el seguro a la puerta del baño y te agarran como al Tigre de Santa Julia.
Ante semejante desasosiego de “alto” nivel legislativo, no en el salón del pleno, sino en el de belleza, tuvo que salir la presidenta Laura Itzel Castillo a decir que no tiene nada de malo y que principalmente son las senadoras quienes disfrutan de dicho privilegio. Afortunadamente, conozco algunas senadoras que sí van a trabajar, no a hacer pasarela. Y aunque se entiende que deban estar presentables (muchas de ellas no lo son y no precisamente por motivos de belleza), ¿será indispensable hacerse rayitos, un Long bob, unas butterfly layers, unas mechas underlight, ponerse extensiones, un degrafilado o un balayage para la toma de decisiones trascendentales para el país? Porque la bronca es que muchas de las senadoras lo hacen mientras hay sesión, entonces, ¿de qué sirve tanto zarpazo de tigre? ¿Será que todas las decisiones ya están planchadas y no hay problema si se ausentan?
Aunque por otro lado, se confirma que el salón de belleza es unisex y también lo pueden utilizar los hombres… ¡Santa Virgen! Me imaginé al Noroña y a Adán Augusto muy a gusto con tubos en la cabeza bajo una secadora haciéndose pedicure y platicando acerca de cómo seguir “jodiéndose” al país.
Y para no quedarme con el entuerto, en otro asunto, les cuento que teníamos boletos para asistir al concierto de Alan Parsons en el Auditorio Josefa, inicialmente agendado para el pasado domingo mismo que fue pospuesto sin aviso formal, por lo cual, aparte de la frustración y coraje, sin otro plan alterno, tuvimos que chutarnos un Super Bowl nada bueno, aderezado con el Bad Bunny “Halftime”, del que sólo diré que he visto peores…
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.