Como esas canciones de desamor que no eliges, pero te encuentran… así se sintió este fin de semana.
Porque no todas las derrotas pesan igual. Perder duele, sí, pero perder el Clásico de la 57 (y perderlo dos veces, varonil y femenil) deja algo más profundo: la sensación de que el rival fue mejor en todo y de que no hubo respuesta. Eso es lo que incomoda.
A pesar de ser San Valentín, no hubo nada amistoso. San Luis fue superior desde el control: manejó el balón, el ritmo y los espacios. Gallos intentó orden y contragolpe; la intención existía; el dominio, no. El partido parecía resistirse hasta el minuto 39’, cuando cayó el 1-0, pero en realidad ya venía inclinado. Cuando corres detrás del balón demasiado tiempo, el desgaste siempre pasa factura.
El intento de reacción dejó espacios y ahí llegaron el segundo y el tercero. Superioridad clara. No hay mucho que discutir. Para cerrar, lo de Ali Ávila: semanas sin jugar por temas contractuales; firma hasta 2030 y, con la urgencia de demostrar, se pasó de revoluciones. Falta dura, VAR y expulsión. De expectativa a frustración.
En la femenil, el 4-1 también golpea. Hoy no se percibe claridad competitiva. Ajustar es urgente.
Pero el futbol siempre ofrece revancha. Este domingo llega Bravos de Juárez al Corregidora y ahí debe aparecer lo que sostiene al club: su gente. Cuando no sale, cuando duele, cuando menos se merece… es cuando más se necesita el apoyo. Este amor no es para cobardes. Dale, Gallos.