En medio de una vorágine de violencia, inestabilidad e incertidumbre, el Gobierno federal vuelve a insistir en la funesta reforma electoral perfilada desde el sexenio pasado, a todas luces encaminada a la permanencia indefinida del régimen actual y al establecimiento del esquema de partido hegemónico, negado en las mañaneras pero claramente un capítulo obligado en el socorrido manual de las dictaduras.
Pero, ¿de dónde proviene la renovada urgencia para su aprobación cuando las prioridades del país son otras? Tres factores no calculados explican su desesperada prisa:
El viraje en el segundo período trumpista ha sido enorme respecto al Gobierno de México y su descomposición, aunada a su intención declarada de recuperar la hegemonía norteamericana en el continente, lo que se atestigua con el desplazamiento del péndulo hacia la derecha en los gobiernos latinoamericanos y representa una amenaza real para la permanencia morenista en el mediano plazo, potenciada por la espectacular y efectiva beligerancia desplegada que ha neutralizado a los principales socios ideológicos y operativos del régimen: Venezuela y Cuba, hasta ahora.
El distanciamiento forzado entre el gobierno y la delincuencia por la presión e intervención norteamericanas, que pondrá en entredicho la continuidad de los flujos de dinero ilegal para las campañas de los candidatos morenistas.
El más que probable decremento en la intención de voto para Morena ante la imparable exposición de su mega cloaca, ventilada a nivel mundial.
Pese a todo, la probabilidad de que la reforma sea aprobada es alta, lo que significaría el último ladrillo para la instauración definitiva y al 100% del régimen castro-chavista en nuestro país, del que será difícil dar marcha atrás en el corto plazo.
¡Dimensionando!
Los domingos, por lo general, son días de reposo y de guardar, salvo algunas excepciones, como lo fue para nosotros el pasado domingo, en el que tomamos la contundente decisión de llevar a lavar nuestro ya antiguo automotor ya que, por haber dejado sin uso por algunas semanas a la pobre “Chata” – así le decimos a la camioneta- , bajo el sol y con los fuertes vientos que azotaron Querétaro, -si a Juárez no le hicieron mella, a nuestra camioneta sí-, terminó materialmente empanizada de polvo por donde se le viera.
Salimos con la mejor intención de lavarla, con la idea de que el procedimiento fuera aceptablemente rápido y sin mayor complicación, para regresar alegremente a casa con auto limpio. ¿Qué tan difícil es llevar un coche a lavar?, cuando una avenida muy cercana a nuestro hogar está abarrotada de establecimientos de lavado de autos y de puestos de tacos. ¿Qué podía salir mal?
Comenzamos la ruta contemplando la probabilidad de que en el primer establecimiento estaría algo atestado, pero con la buena actitud y esperanza de que a cincuenta metros adelante, donde se encuentra otro, nos recibirían sin problema.
Efectivamente y como lo habíamos visualizado, al llegar al primer auto lavado, uno de los “wash men” -lavacoches para que me entiendan-, con cara de cansancio, nos dijo que la espera sería de ¡una hora y media!, dado que sólo contaban con un lavacoches más en ese momento, y la impaciencia nos llevó a ir en busca de los siguientes establecimientos cercanos.
Tres doritos después de haber recorrido tres lavados más, todos sobre la misma avenida y con la misma respuesta de un rotundo «no, porque ya no tengo chance”, el carácter se nos comenzó a desemparejar, recriminándonos por haber salido en el peor día posible para buscar el famoso lavado y no tener que lavar nosotros a la Chata ya que, con honestidad, no es una labor que nos entusiasme.
Así que nos aventuramos a explorar el último establecimiento de la avenida. Al llegar, nos recibieron con cara de pocos amigos y un “man” que labora ahí nos indicó dónde aparcarnos para esperar nuestro turno. No pasó ni medio minuto y una señora, al parecer encargada del “car wash” región 4 y bastante mal encarada, nos indicó que debíamos movernos de regreso hacia la entrada del establecimiento, ya que estorbábamos el paso. Preguntamos enfadados, en qué consistía el jueguito, ya que nos habían indicado otra cosa.
Para esos momentos y con esos modos, nuestro temperamento se encontraba en “alerta roja”, pero aun así nos reubicamos según la ultima indicación. La bomba tronó cuando medio segundo después otro man con acento extranjero “maduramente” familiar, nos exigió movernos una vez más a otro lugar. ¿De qué se trataba esto? Ahí fue cuando explotamos y nos salió a relucir el Terminator que llevamos dentro, haciéndoles saber que no nos hacían un favor especial con darnos el servicio, entre otros reclamos cargados de enojo y de poca diplomacia.
Fue así que acabamos con nuestro “viene, viene” de confianza en el estacionamiento de nuestro habitual supermercado, quien modestamente y de muy buen modo, dejó nuestra camioneta reluciente, regresando a casa con la misión cumplida y las compras dominicales hechas. Aunque no estaría mal que las autoridades se echaran algunas incursiones encubiertas para supervisar el trato al cliente en estos establecimientos.
Moraleja: dimensionando las cosas, nuestro domingo estuvo perfecto e increíble en comparación con el domingo de aquellas miles de personas inocentes en Medio Oriente, a quienes les están tronando encima las bombas y que están desesperados por quedarse sin hogar y sin familia, todo por culpa de humanos que piensan que pueden decidir sobre las vidas de otros a placer.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.