Todavía con el plumaje oliendo a azufre, este gallo tomó camino sin miedo rumbo a otra tierra incómoda: la madriguera apestosa de los zorros del Atlas. Venía de salir vivo del volcán de Tigres y ahora se metía al Jalisco, otro sitio donde muchos se doblan. Pero estos Gallos no.
No fue un partido bonito ni brillante. Fue una batalla de dientes apretados, overol puesto y máxima concentración. Querétaro entendió perfecto lo que tenía que jugar: orden, sacrificio y paciencia. Mientras Atlas tenía la pelota y buscaba abrir la muralla, Gallos cerraba espacios, metía la pierna y resistía con personalidad. Así, sin adornos, también se compite.
El arquero Pepe Hernández volvió a ser figura, la defensa se comportó a la altura y el equipo mostró algo que hace unas semanas parecía lejano: oficio. Porque empatar en el volcán puede sonar heroico, pero salir intacto también de la madriguera rojinegra confirma que esto no fue casualidad.
Sí, fueron dos empates. Sí, falta ganar. Pero también es cierto que este equipo ya dejó de ser un rival cómodo. Hoy Gallos se para serio, ensucia partidos, desespera y empieza a sumar de verdad. Y en esta pelea, cada punto vale oro puro. De esos que tal vez no hacen ruido hoy, pero al final pueden contar muchísimo. Este equipo entendió que para salir del fondo primero hay que aprender a sobrevivir. Y estos Gallos, por fin, aprendieron. Ahora toca esperar la fecha FIFA y picotear más fuerte en la Corregidora. Porque cuando no pierdes, empiezas a ganar. ¡Dale Gallos!