COVID persistente dio la clave
Más de dos años más tarde, nos enfrentamos a una situación diferente con respecto a COVID. Los números de fallecidos en las poblaciones vacunadas son mínimos, y la gran mayoría de los pacientes consiguen recuperarse sin mayores complicaciones.
Sin embargo, ahora nos encontramos con el COVID persistente, que afecta al 30-45 por ciento de los pacientes que pasan por la infección por este coronavirus. Esta enfermedad se diagnostica si uno o más síntomas persiste durante más de treinta días tras el inicio de la infección.
Entre los síntomas que suelen perdurar está la anosmia, fatiga y problemas cognitivos. Al ser pacientes que sufren estos síntomas durante meses, esto ha permitido estudiar los efectos de la infección con mayor detalle, especialmente cuando el órgano es difícil acceso, como ocurre con el cerebro.
Entre los síntomas relacionados con el cerebro, los investigadores han identificado distintas categorías de síntomas. Tenemos lo que se define como “niebla mental” que dificulta tareas como la concentración o la memoria.
Otros pacientes sufren un cambio en cómo notan su piel al tacto. Por último, está la categoría que engloba a aquellos que sufren dolores de cabeza.
Además, pacientes que sufren de otra enfermedad neurológica, han experimentado unos brotes más pronunciados o un empeoramiento de los síntomas como psicosis, acentuados por la infección por COVID.
La tarea de identificar estos síntomas y encontrar el agente causante es muy complicada, porque la mayoría de los pacientes resultan negativos ante el test de coronavirus y otras pruebas diagnósticas como la resonancia magnética tampoco aportan evidencia alguna.
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