En una decisión histórica, la Gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, envió al Congreso local una iniciativa que reforma el Código Penal y endurece las penas contra el acoso sexual.
La propuesta elimina la necesidad de demostrar reincidencia, lo que significa que cualquier denuncia —sea la primera o no— podrá derivar en castigo. La intención: frenar la impunidad y otorgar atención inmediata a quienes deciden alzar la voz.
Este paquete legislativo se alinea con el Plan Integral contra el abuso sexual impulsado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, que busca homologar este delito como grave, reforzar la capacitación institucional y fomentar campañas de prevención mediante la denuncia temprana.
Por primera vez, se plantea castigar a servidores públicos que bloqueen la justicia. Policías, ministerios públicos o personal gubernamental que se niegue a recibir denuncias, intimide o desanime a víctimas enfrentará penas de dos a seis años de prisión, destitución e inhabilitación para ejercer cargos. Esta medida busca erradicar la revictimización y la burocracia que frustra miles de casos.
La perspectiva de género como regla
El decreto establece que toda interpretación deberá aplicar perspectiva de género y considerar contextos de violencia.
Esta disposición garantiza que los operadores de justicia evalúen cada caso reconociendo desigualdades, dinámicas de coerción y estados psicológicos de riesgo.
Estas acciones buscan cerrar vacíos legales y dignificar los procesos de denuncia. Para muchas víctimas, el primer reporte es el más difícil; eliminar la reincidencia como requisito alivia obstáculos y acelera la respuesta estatal.