Salir de casa antes del amanecer y regresar cuando ya oscureció se ha convertido en la rutina diaria de millones de habitantes del Estado de México.
Son personas que viven en municipios densamente poblados, pero cuyos empleos, escuelas o actividades económicas se encuentran principalmente en la Ciudad de México o en otros centros urbanos.
Este fenómeno ha dado origen a las llamadas «ciudades dormitorio», comunidades donde gran parte de la población únicamente permanece para descansar y pernoctar.
El crecimiento acelerado de la Zona Metropolitana del Valle de México durante las últimas décadas impulsó el desarrollo de grandes conjuntos habitacionales en municipios mexiquenses.
Sin embargo, la generación de empleos no avanzó al mismo ritmo. Como resultado, millones de personas deben recorrer largas distancias todos los días para llegar a sus centros de trabajo.
Datos del INEGI, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) muestran que algunos habitantes de la periferia pueden invertir entre dos y hasta cuatro horas diarias en traslados.
El costo no sólo es económico. También se traduce en estrés, menor convivencia familiar, afectaciones a la salud física y mental, menor productividad laboral y una reducción significativa del tiempo libre.
Las señales que alertan sobre este fenómeno son visibles: transporte público saturado, salidas masivas desde la madrugada, crecimiento habitacional superior a la creación de empleos locales y un aumento constante en los tiempos promedio de traslado.
Para miles de familias mexiquenses, la movilidad se ha convertido en uno de los principales desafíos de calidad de vida.
Los especialistas advierten que las ciudades dormitorio representan uno de los mayores retos metropolitanos del país. Aunque permiten acceso a vivienda más económica, también generan dependencia de largos desplazamientos diarios. El desafío para las autoridades consiste en acercar empleo, servicios y oportunidades a los lugares donde viven millones de personas.
El costo invisible de vivir lejos del trabajo
Hasta 15 horas semanales pueden perderse en transporte.
Menos tiempo para convivir con la familia.
Mayor riesgo de estrés y agotamiento crónico.
Incremento en gastos de transporte.
Menor tiempo para actividad física y descanso.
Aumento de problemas de sueño.
Menor productividad laboral.
Mayor exposición a contaminación ambiental.
Reducción del tiempo disponible para capacitación o educación.
Mayor desgaste físico y emocional a largo plazo.
¿Dónde buscar apoyo o información?
Secretaría de Movilidad del Estado de México (Semov)
Desarrolla programas relacionados con planeación urbana, vivienda y movilidad metropolitana.
Estadística
180 MINUTOS al día pueden perder algunos habitantes de municipios metropolitanos del Estado de México en sus traslados cotidianos entre casa y trabajo.