En un país marcado por más de una década de conflicto, las iglesias de Siria volvieron a abrir sus puertas en un clima de esperanza y transformación tras el colapso del régimen de Bashar al-Assad. Cristianos celebran libertad de servicios dominicales por primera vez en años, llorando de emoción y rezando por un nuevo comienzo.
“Hoy, rezamos para que Siria renazca en paz y prosperidad. Nos deshicimos del tirano, ahora todo puede mejorar”, expresó Jihad Raffoul, un fiel emocionado.
La caída de Assad, quien huyó al exilio en Rusia, marca un hito en el inicio de un proceso de transición encabezado por una alianza rebelde que busca reorganizar al país bajo una nueva constitución.
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En medio de estas celebraciones, Geir Pedersen, enviado especial de la ONU para Siria, urgió a las potencias internacionales a levantar las sanciones que han asfixiado al país desde hace años.
Pedersen destacó la necesidad de justicia para las víctimas de crímenes de guerra, mientras miles de familias aún buscan a los desaparecidos por el antiguo régimen.
La capital, Damasco, vive un ambiente de esperanza, reflejado en la reapertura de escuelas como la Nahla Zaidan, donde por primera vez se izó la bandera revolucionaria.
Sin embargo, el liderazgo provisional enfrenta retos significativos: definir cómo se gobernará el país y lograr reconocimiento internacional, ya que la principal fuerza rebelde, Hayat Tahrir al-Sham (HTS), sigue siendo considerada una organización terrorista por Estados Unidos.
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La comunidad internacional se reunió este fin de semana para trazar un camino hacia la estabilidad en Siria. Los ministros de exteriores de EE.UU., la Liga Árabe y Turquía acordaron la importancia de evitar que el país se convierta en refugio de grupos terroristas y aseguraron que se destruirán los remanentes de armas químicas.
Mientras tanto, los líderes cristianos, como Agop Bardakijian, ven con optimismo este cambio:
“Ahora, las minorías somos más respetadas. Siria está tomando un rumbo diferente”. En Alepo, las campanas volvieron a sonar, y las familias decoraron árboles de Navidad en medio de la alegría colectiva.
Aunque persisten desafíos, como saqueos esporádicos y disputas por el control territorial, muchos sirios coinciden en que esta transición debió ocurrir hace mucho tiempo. Para ellos, el futuro de Siria se escribe con esperanza y resiliencia.