En un movimiento histórico, Virginia Occidental se convirtió en el primer estado Estados Unidos que busca prohibir colorantes sintéticos en alimentos como cereales, dulces y bebidas brillantes.
Esta decisión busca proteger la salud pública y responde a años de debate sobre los riesgos asociados a estos aditivos químicos, que estudios vinculan con problemas neuroconductuales en niños y, en algunos casos, con riesgo de cáncer en animales.
La nueva ley, firmada por el gobernador republicano Patrick Morrisey, prohíbe siete colorantes a partir de agosto en alimentos escolares y extenderá la restricción a todo el estado en 2028.
El lema del gobernador, “Hacer América Saludable de Nuevo”, refuerza la idea de priorizar la seguridad alimentaria.
La medida, respaldada por legisladores de distintos partidos, refleja una creciente preocupación bipartidista por la salud de los consumidores más jóvenes.
Los defensores de la salud pública han señalado que colorantes como el Rojo 3 —recientemente prohibido por la FDA— pueden agravar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños. Mientras países como Australia y Japón ya han restringido estos aditivos, Estados Unidos ha mantenido su uso en una amplia gama de productos, desde caramelos hasta medicamentos.
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Industria y desigualdad: ¿quién paga el precio?
La prohibición ha generado reacciones divididas. La Asociación Nacional de Confiteros advirtió que eliminar los colorantes podría aumentar los precios y reducir la variedad de alimentos en estantes de tiendas, afectando especialmente a comunidades vulnerables en “desiertos alimentarios”. Sin embargo, educadores en Virginia Occidental aseguran que la transición ya está en marcha.
“Si Froot Loops y Lucky Charms no cambian sus fórmulas, compraremos productos que lo hagan”, comentó Travis Austin, responsable del servicio de alimentos en el Condado Cabell.
Otros distritos han comenzado a eliminar productos con colorantes, ajustándose a la nueva normativa.
El impacto en la infancia y la salud
Virginia Occidental lidera la nación en enfermedades crónicas como obesidad y diabetes. Los legisladores afirman que estos colorantes suelen estar presentes en alimentos ultraprocesados que afectan desproporcionadamente a familias de bajos ingresos. Jason Barrett, patrocinador del proyecto, subrayó que este es solo el comienzo:
“Estamos enviando un mensaje claro a las grandes corporaciones alimentarias: la salud de nuestra gente es lo primero”.
Con proyectos similares avanzando en estados como California y Oklahoma, la lucha por alimentos más saludables en Estados Unidos está apenas comenzando.