El Amazonas enfrenta una emergencia silenciosa. Las aguas de sus lagos, cada vez más cálidas, se han convertido en trampas mortales para peces y delfines de río, mientras las temperaturas alcanzan niveles sin precedentes que rozan los 41 grados Celsius (ºC), según un estudio publicado en la revista Science.
Durante la sequía histórica de 2023, los investigadores registraron temperaturas superiores a 37 °C en cinco de los diez lagos analizados. En algunos casos, el calor fue tan intenso que transformó los cuerpos de agua en auténticos “estanques hirvientes”. La combinación de radiación solar extrema, escasa profundidad y alta turbidez creó las condiciones perfectas para un desastre ecológico.
El fenómeno no es aislado: los científicos detectaron un aumento sostenido de 0.6 °C por década entre 1990 y 2023. La historia se repitió en 2024, cuando una nueva sequía dejó sin agua ni alimentos a comunidades ribereñas y provocó otra ola de mortandad de delfines rosados y tucuxis, ambos en peligro de extinción.
Lago Tefé, epicentro de la tragedia
El lago Tefé, en el corazón del Amazonas, fue el escenario más dramático. Allí las aguas alcanzaron los 41 °C y su superficie se redujo en un 75 por ciento, pasando de 379 a 95 kilómetros cuadrados. Entre septiembre y octubre de 2023, murieron más de 200 delfines de agua dulce.
Otro cuerpo de agua, el lago Badajós, perdió el 92 por ciento de su extensión, reflejo del colapso hidrológico de toda la región. Los científicos advierten que, con niveles tan bajos, los lagos dejan de renovarse y el calor se acumula, reduciendo el oxígeno y condenando a las especies que dependen de él.
Futuro incierto para el Amazonas
El calentamiento no solo amenaza a los delfines: también podría afectar la acuicultura local, especialmente a la cachama (Colossoma macropomum), una de las especies más importantes para el consumo humano. Cuando el agua supera los 33 °C, el oxígeno disuelto disminuye y los peces enfrentan hipoxia, una condición potencialmente letal.
Los autores del estudio advierten que la crisis de 2023 y 2024 es una señal clara del impacto del cambio climático en los ecosistemas tropicales. Urgen a desarrollar estrategias para predecir, mitigar y adaptarse a un futuro donde los lagos del Amazonas podrían seguir calentándose.
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