Decir que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tiene un porcentaje de inteligencia normal es una ofensa para el común de la gente porque de lo contrario no se explica que haga ostentación de un frugal y costoso almuerzo en un lujoso restaurante de Estambul (Turquía) de regreso a su país tras haber estado en China.
Según un reciente sondeo el 30,5 % de los venezolanos solo come una vez al día; el 28,5 % no come nada o casi nada un día a la semana y el 78,6 % reconoce problemas para alimentarse lo que es un reflejo del drama que vive la población.
Lo anterior ratifica que Nicolás Maduro es una marioneta y qué son otros los que manejan al país. Los vídeos que se montaron en medios, redes sociales, incluyendo Instagram, es un insulto para un vive que una crisis humanitaria en la que el índice de pobreza es de 87 %, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi).
No es que sea un delito comer y hacerlo bien pero no cuando hay una población, especialmente niños, que no lo pueden hacer.
Pero lo peor no fue eso sino el haber comentado con su esposa Cilia Flórez, mientras era grabado, que eso no era de todos los días lo que no deja de ser insultante para el venezolano que vive una crisis humanitaria donde el índice de pobreza es de 87 %, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi).
Mientras que la crisis económica y humanitaria prosigue el presidente Maduro volvió a sus melodramas y señaló en una rueda de prensa ante corresponsales extranjeros que el general (r) Francisco Báez no cesa de anunciar que dará un golpe de Estado en octubre; y que se prepara una invasión en atención a lo manifestado por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien indicó durante su visita a Colombia, el pasado fin de semana, que no se puede «descartar una intervención militar» en Venezuela.
Almagro, otro provocador barato, le dio con ello más motivos a Maduro para soltar su acostumbrada verborrea. Algo así como el ‘niño que llora y la mamá que lo pellizca’.