Definitivamente la pandemia de la COVID-19 desnudó en Colombia la inteligencia de sus gobernantes, para robar los dineros del erario público, que según los expertos estamos a puertas del mayor desfalco del país.
Colombia, en el 2017, era uno de los países más corruptos del mundo, hoy en día es el primero, dolorosa verdad para un pueblo que tuvo que ver la muerte de sus principales líderes a manos del narcotráfico cuando permeó todas las esferas en las décadas de 1980 y 1990 y luego ha visto como la corrupción ha invadido hasta sus propias entrañas apoyado por un sistema judicial, policial y político que con líderes convincentes inculcó odios sectarios entre sus seguidores, para tener entretenido al pueblo y así robar a sus anchas.
En los últimos días se conoció que el Gobierno pidió un préstamo por 8.500 millones de dólares al Banco mundial y otro por 10.600 millones de dólares al FMI con excusa de la pandemia. Pero eso no es todo porque con la misma excusa el decreto 444 movió $21 billones que eran de las regiones, a los bancos, dineros que se convirtieron en capital para negocios privados. Días después regalaron otros $500.000 millones más a la banca privada.
El ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla admitió en debate de control político al senador Jorge Robledo que el gasto de ayudas en porcentaje del PIB no era del 12%, sino solo del 3%. Prácticamente el gobierno está poniendo para ayudas los recursos que ya estaban aprobados desde el año pasado para gasto social, y la gran cantidad de recursos nuevos «liberados o adquiridos» se los está echando a su propio bolsillo o al de la banca privada.
Lo anterior ratifica que el Gobierno prefiere trabajar con la banca privada y no con los afectados con la pandemia, lo que abarataría el costo de los intereses de los principales afectados por la crisis que nació en China y ahora se toma Sudamérica, Asia y África.
Estudios publicados por la Universidad Javeriana revelan que de los 7 billones que el Gobierno anunció invertir en salud, solo ha entregado 0.98 billones.