Las técnicas para mejorar la hermenéutica es tarea indispensable
Sergio Arellano
No voy a comentar sobre un tema exclusivo de los abogados. Argumentar es un mecanismo que usamos para la expresión de ideas y conceptos. Un empresario en la asamblea de accionistas recurre a la argumentación para determinar las mejores decisiones para su negocio. Un médico basa su diagnóstico con una serie de hechos concatenados que lo llevan a una conclusión. Un arquitecto evalúa sus proyectos con una serie de elementos prácticos y lógicos para lograr el sostén de sus obras de infraestructura. En el caso de quienes ejercen el derecho existe una responsabilidad enorme -argumentativamente hablando- que puede afectar directamente a los intereses de la ciudadanía. Desafortunadamente, no se ha tomado con la seriedad que merece.
Un ejemplo muy claro es cuando el aparato legislativo promueve leyes que se contradicen entre sí o que, en cierto grado, pueden ser discriminatorias y excluyentes. Carencia de racionalidad jurídica al momento de exponer los motivos. Por otro lado, tenemos al poder judicial. Espacio en donde tiene cabida la interpretación pura. Aquí podríamos hablar de la complejidad de emitir sentencias o pronunciarse en las jurisprudencias; sin embargo, creo que es pertinente hacer el mismo recordatorio.
Jueces, magistrados y ministros deben de tener una visión de 360º en la impartición de justicia; sus determinaciones forzosamente requieren de argumentos sólidos. Dejando a un lado la rigidez constitucional, y para contar la historia completa, tenemos que privilegiar el principio pro homine. Las técnicas para mejorar la hermenéutica es tarea indispensable. Como verá, estimada o estimado lector, la tarea de manifestar correctamente nuestros juicios es imprescindible. Para fortuna del gremio de la abogacía, próximamente en Querétaro tendremos la fortuna de charlar en formato virtual con el máximo exponente en materia de argumentación jurídica: Manuel Atienza. Nos escribimos para más detalles.